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Mostrando las entradas de julio, 2026

Las dos certezas

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He estado pensando y tratando de entender qué es realmente la Fe. Conversando con un amigo me habló de dos certezas: la de la razón, fundada en evidencias y razonamientos correctos, y la de la Fe sobrenatural. El tema, para mí complejísimo y al mismo tiempo crítico para mi paz interior, me llevó a estas consideraciones que ahora les presento, por si sirven en algo a alguien. Hay dos certezas. Sólo dos. No me refiero a que no existan otras formas de certeza en la vida cotidiana: la de los sentidos, la matemática, la histórica, la moral. Todas ellas existen, pero pertenecen al ámbito de la razón natural. Cuando hablo de “dos certezas” me refiero a los dos únicos órdenes de conocimiento que el hombre posee respecto de la verdad última: el de la razón natural, que puede alcanzar con evidencia y recto raciocinio ciertas verdades firmes (incluida la existencia de Dios), y el de la fe sobrenatural, que asiente a lo que Dios mismo ha revelado y que, por fundarse en su autoridad, es más cierta ...

Mensaje de Lucifer a sus secuaces

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Escuchadme, legiones mías. Yo soy el que susurra. No grito. El grito despierta. Yo prefiero la voz baja, casi paternal, la que se desliza mientras el hombre se acomoda y, si detecta o se le achaca algún defecto, murmura: “Dios es misericordia. Dios es amor.” Y tiene razón. Dios es misericordia. Dios es amor. Y esa es precisamente la parte que más me irrita. Me irrita porque yo no pude soportarlo. Yo, que fui el más bello, el mejor, dije “No serviré”, porque no pude tolerar que el Amor infinito se abajara hasta el barro. No pude admitir que la Misericordia se inclinara hacia criaturas inferiores y les ofreciera perdón. Mi soberbia no lo resistió. Preferí el abismo a arrodillarme. Y ahora, cada vez que oigo a un hombre débil repetir esas palabras como un derecho automático, siento el mismo rechazo antiguo: ese Amor que yo desprecié sigue siendo ofrecido… y muchos lo rechazan igual que yo, pero sin la grandeza de mi rebeldía. Solo con mediocridad. Por eso distorsionamos tan eficazmente su...

Del Concilio a la reforma: Cómo nació la Misa de hoy

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En diciembre de 1963, cuando los Padres conciliares promulgaron la constitución Sacrosanctum Concilium , pocos imaginaban que aquel documento, redactado con prudencia y no pocas cautelas, terminaría sirviendo de pretexto para una de las transformaciones más profundas que haya conocido la liturgia romana en sus dos mil años de historia. El texto del Concilio era, en esencia, moderado. Pedía una reforma, sí, pero una reforma que se hiciera “con prudencia” y respetando la “sustancial unidad del rito romano”. Hablaba de conservar el latín, de dar primacía al canto gregoriano, de mantener el Canon Romano y de proceder por vía de desarrollo orgánico. No hablaba de suprimir oraciones, de multiplicar los cánones eucarísticos ni de alterar radicalmente la orientación del sacerdote. Era un documento de reforma, no de revolución. Sin embargo, apenas cerrado el Concilio, se puso en marcha una maquinaria que pronto escapó al control de los mismos obispos que habían aprobado aquellos principios. El ...

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