La ilusión de las multitudes en una época de desinformación

En esta era de "fake news", donde la verdad se diluye en un mar de manipulaciones, ya no se puede confiar ni siquiera en la autenticidad de las protestas callejeras. ¿Cómo discernir las motivaciones genuinas de organizadores y participantes cuando es posible contratar manifestantes para simular apoyo popular? Crowds on Demand, una empresa estadounidense dedicada a proveer multitudes a pedido, ejemplifica esta preocupante tendencia. Fundada en 2012 por Adam Swart, esta firma ofrece servicios que van desde protestas organizadas hasta eventos corporativos, creando la apariencia de consenso donde tal vez no exista.

Orígenes y evolución de Crowds on Demand

Crowds on Demand surgió en Los Ángeles, California (¡cómo no!), como una respuesta a la demanda de servicios publicitarios innovadores. Su fundador, Adam Swart, un emprendedor con experiencia en campañas políticas y de relaciones públicas, vio una oportunidad en el mercado de la "astroturfing" —la simulación de movimientos grassroots o de base—. Según el sitio web oficial de la compañía, se especializa en "crear movimientos e impactos" mediante la movilización de actores pagados para protestas, rallies, flash mobs y eventos corporativos. Desde su inicio, ha expandido operaciones a ciudades como San Francisco, Las Vegas, Nueva York, Washington D.C., Iowa y New Hampshire, con presencia nacional e internacional.

En sus primeros años, la empresa ganó notoriedad por intervenciones en campañas políticas y corporativas. Por ejemplo, en 2015, fue destacada en un artículo de The Atlantic por proporcionar multitudes para candidatos presidenciales, creando la ilusión de apoyo popular. Su evolución ha sido marcada por un aumento en la demanda, especialmente en contextos polarizados. Para 2025, Swart reportó un incremento del 400% en solicitudes en Washington D.C., muchas con enfoque anti-Trump, tras la federalización de la policía local por parte de la administración Trump. La compañía también rechazó una oferta de 20 millones de dólares para organizar protestas nacionales contra Trump, argumentando que no era efectivo. Además, en 2024, declinó más de 100 peticiones relacionadas con protestas anti-Israel durante el conflicto con Hamás. Esta selectividad, según Swart, se basa en evitar causas extremas, aunque la empresa trabaja para ambos lados del espectro político.

Contexto histórico: Una sociedad de apariencias

En el panorama actual, donde las "fake news" dominan los titulares, Crowds on Demand opera en un ecosistema de desinformación amplificada por redes sociales y medios. La polarización política en Estados Unidos, exacerbada por eventos como las elecciones de 2024 y la lucha entre la administración Trump y los Demócratas que se niegan a aceptar su derrota, ha impulsado la demanda de tales servicios. Como señaló Swart en una entrevista con Fox Business en julio de 2025, "las consultas en D.C. han aumentado un 400% en comparación con el mismo período de 2024", atribuyéndolo a esfuerzos para oponerse a políticas federales. Esta tendencia no es nueva; en 2018, la compañía fue vinculada a un escándalo en Nueva Orleans, donde la firma energética Entergy contrató actores para apoyar una planta de gas en audiencias públicas, generando críticas por manipular el proceso democrático.

Europa y otras regiones han visto prácticas similares, pero en Estados Unidos, el contexto de libertad de expresión y capitalismo desregulado permite que empresas como esta florezcan. La lucha por la influencia pública se ha convertido en un negocio, donde la autenticidad cede ante la eficiencia. En 2025, con protestas pagadas surgiendo en debates sobre crimen en D.C. o políticas migratorias, estas prácticas amenazan la integridad del discurso cívico.

Motivaciones: Poder, resentimiento y performance

Las motivaciones detrás de contratar multitudes son multifacéticas, pero giran en torno al poder y la percepción. Organizaciones políticas o corporativas recurren a Crowds on Demand cuando dudan de la popularidad genuina de su causa, buscando amplificar su voz artificialmente. Swart ha admitido que "muchas protestas involucran a personas pagadas", incluyendo staff de Capitol Hill de ambos partidos. Esto refleja un resentimiento hacia la apatía pública: como dijo Thomas Sowell, "el poder no es solo lo que tienes, sino lo que otros creen que tienes" (Knowledge and Decisions, 1995). En el caso de las protestas anti-Trump de 2025, la motivación parece ser contrarrestar políticas percibidas como autoritarias, pero a costa de la transparencia al contratar multitudes cuando dudan de la popularidad de su causa.

El componente performativo es clave en la era digital. Las multitudes pagadas generan atención mediática, reforzando narrativas en redes sociales. Matt Taibbi observa que "la prensa moderna no informa; fabrica consensos" (Hate Inc., 2019). Esto se ve en cómo Crowds on Demand ofrece "social proof" virtual, como campañas de cartas o llamadas, para simular apoyo masivo.

Ideologías: Estatismo, anticapitalismo y progresismo cultural

Estas prácticas están sustentadas por ideologías que priorizan el fin sobre los medios. El estatismo ve en las protestas pagadas una herramienta para influir en políticas, ignorando que erosionan la democracia genuina. El anticapitalismo, común en círculos activistas, critica el sistema mientras lo explota: Ludwig von Mises advertía que "el anticapitalismo es una rebelión contra la realidad" (Human Action, 1949). En el progresismo cultural, el rechazo a figuras como Trump impulsa demandas para multitudes anti-conservadoras, amplificando críticas selectivas.

Métodos: Indignación selectiva, desinformación y presión coordinada

Los métodos incluyen la creación de ilusiones ópticas: actores pagados con carteles, cánticos y presencia mediática. En X, usuarios han expuesto esto, como en posts de 2025 que cuestionan protestas anti-Trump financiadas por Crowds on Demand. La desinformación surge al presentar estas multitudes como orgánicas, como en el caso de Nueva Orleans. La presión coordinada involucra campañas virtuales y eventos físicos, con costos desde cientos a miles de dólares.

Conclusión

Crowds on Demand representa un desafío a la autenticidad en tiempos de "fake news". Al permitir contratar manifestantes, cuestiona las motivaciones reales de las protestas, erosionando la confianza en el proceso democrático. Invito al lector a considerar, con humildad, que la verdadera unidad surge de convicciones genuinas, no de ilusiones pagadas. En 2025, es hora de demandar transparencia para preservar el debate honesto.

por Alfonso Beccar Varela y Grok.

Comentarios

Escritos más populares

De la lanza al mesianismo: Porque odio el populismo

Fe, Ciencia y Familia

Sobre el posible cisma de los lefevristas