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Mostrando las entradas de abril, 2026

¡Por fin! La inclusión que faltaba: la mujer embarazada, esa gran desaparecida

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Queridos guionistas, directores y comités de diversidad de streaming: felicidades. Han logrado que en 2026 sea más fácil ver a un elfo negro homosexual en una serie de época medieval que a una mujer con una panza de ocho meses comprando pañales en el supermercado. Bravo. El arcoíris brilla, las parejas interraciales se multiplican como conejos en Bridgerton, y las lesbianas protagonizan dramas donde antes había monjas. Pero la embarazada… esa sigue siendo la gran hereje visual. No sea que alguien se sienta incómodo recordando de dónde vienen los humanos. Es fascinante. Vivimos en la era del “representa a todos”, siempre y cuando ese “todos” no incluya el estado natural más obvio y revolucionario de la mitad de la población adulta: la gestación. Una mujer embarazada es un milagro biológico andante. Lleva dentro otro ser humano. Su cuerpo cambia, sus hormonas hacen fiesta rave, camina como pato y aun así sigue funcionando. ¿Y cuántas veces la vemos en pantalla sin que sea el centro dramá...

No hay nada que mirar acá

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  Los medios de izquierda y sus aliados progresistas volvieron a mostrar su repertorio favorito: el lenguaje incendiario de siempre. Viktor Orbán, durante años, fue etiquetado como dictador , autócrata , tirano en ciernes y constructor de un sistema diseñado para no soltar nunca el poder. “Hungría ya no es una democracia”, repetían como loros. “Orbán ha destruido las instituciones para gobernar de por vida”, alertaban con tono apocalíptico en The Guardian, The New York Times, CNN y compañía. El mismo libreto que usan con Donald Trump (“amenaza existencial para la democracia”), con Javier Milei (“fascista libertario” o “wannabe dictador”) y con cualquier líder que se atreva a desafiar el consenso globalista y la agenda woke. Ese hiperbólico arsenal retórico es devorado con gusto por una enorme parte de sus lectores. Les encanta. Les da sentido de superioridad moral y les permite sentir que están del lado correcto de la historia mientras demonizan al disidente de turno. No importa s...

Antietam

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Hoy visité Antietam y el lugar, como siempre, me dejó con esa sensación pesada y solemne que solo dan los campos donde la historia se escribió con sangre de verdad. Fue el 17 de septiembre de 1862, el día más sangriento de toda la historia militar de Estados Unidos: casi 23.000 hombres cayeron en un solo día —muertos, heridos o desaparecidos. Regimientos enteros se evaporaron en minutos entre maizales segados a balazos, el Camino Hundido convertido en una trampa mortal y el puente de Burnside que vio oleadas de azules y grises chocando hasta que el arroyo corrió rojo. El horror no fue casual. Fue el choque brutal entre tácticas que todavía pertenecían al pasado y armas que ya anunciaban el futuro. Los generales seguían ordenando cargas en línea cerrada o columnas compactas, como en tiempos de Napoleón: avances a paso firme, bayonetas caladas, confianza en el fuego a corta distancia. Pero los soldados ya portaban rifles de ánima rayada con alcance y precisión letal a cientos de metros, ...

Cuatro faros en la noche del alma

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  En esta hora crepuscular de la civilización, donde las catedrales se vacían, las liturgias se diluyen en banalidad y el hombre, ebrio de progreso, se arroja al abismo del yo sin Dios, cuatro voces antiguas se alzan todavía como trompetas de juicio y consuelo. No son meras composiciones; son plegarias talladas en sonido, himnos que el Cielo dictó a genios mortales para recordarnos de dónde venimos y hacia dónde debemos volver. Hablo del Gloria de Vivaldi, el Magnificat de Bach, el Mesías de Händel y el Requiem de Mozart. Cuatro cumbres del espíritu humano que, en su grandeza, nos humillan y nos elevan. El Gloria de Antonio Vivaldi irrumpe como un amanecer barroco sobre el Adriático. Sus coros jubilosos, sus violines que danzan como rayos de sol sobre el agua, no celebran una alegría barata, sino la victoria definitiva del Creador sobre el caos. En medio de nuestra era que ha sustituido la alabanza por el selfie y la trascendencia por el consumo, ese Gloria nos recuerda que l...

La guerra de las palabras

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  En nuestro tiempo, una de las estrategias más eficaces para erosionar la fe cristiana y transformar la sociedad consiste en alterar deliberadamente el significado de las palabras. No se trata de un simple cambio lingüístico inocente ni de una evolución natural del idioma, sino de una herramienta de persuasión sutil y poderosa que busca reconfigurar la mente y la conciencia de las personas. Al resignificar términos nobles y cargados de historia, se consigue que defender la doctrina católica suene automáticamente como algo negativo: intolerante, retrógrado, fóbico o incluso cruel. De esta manera, el debate se cierra antes de comenzar y la verdad revelada queda desarmada en el terreno público. Este fenómeno no es accidental. Pensadores de izquierda y progresistas lo han teorizado y promovido explícitamente como método para conquistar la cultura y avanzar su causa. Antonio Gramsci , el marxista italiano, desarrolló en sus Cuadernos de la cárcel la teoría de la hegemonía cultural : l...

Después del Concilio Vaticano II: la fiebre que casi arrasó con la belleza, la reverencia y la claridad doctrinal

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  Esa pregunta que muchos católicos nos hacemos todavía con un nudo en la garganta —cómo fue posible que después del Concilio Vaticano II se desatara una fiebre destructiva, casi iconoclasta, en tantas iglesias— no se agota en los altares serruchados, los retablos desmantelados y las paredes blanqueadas. Fue parte de algo más amplio, de una ola de tolerancia mal entendida, de una debilidad pastoral que permitió que se hiciera la vista gorda ante cambios y abusos que el Concilio nunca había autorizado. Y esa misma permisividad se extendió, con fuerza particular en América Latina, hacia el terreno político y social: desviaciones que llevaron a muchos sacerdotes, religiosos y teólogos a abrazar el socialismo , el marxismo y, sobre todo, la Teología de la Liberación . La Sacrosanctum Concilium no ordenó demoler nada. Pidió noble simplicidad, mayor participación de los fieles y altares preferentemente separados de la pared para facilitar, cuando fuera práctico, la celebración de cara ...

Hostia y puñal

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  Era el 31 de marzo de 1520. Cinco naos rotas y hambrientas entraron en la bahía de San Julián, Patagonia. Frío que cortaba, viento que mataba, invierno austral que se venía como una condena. Hernando de Magallanes, el portugués de hierro al servicio de España, decidió: aquí invernamos. No había otra salida. Al día siguiente, 1 de abril, Domingo de Ramos , mandó bajar a tierra. Según las actas del proceso que vendría después: “hizo llamar Magallanes a todos los dichos capitanes y oficiales e pilotos para que fuesen a tierra a oír misa, y que después fuesen a comer a su nao”. Bajaron velas, ornamentos, un paño decente. Cortaron ramas, armaron una capilla miserable en una islita de arena en el río. Altar improvisado “al modo de nuestra España”. El celebrante: Pedro de Valderrama , clérigo de Écija, capellán de la Trinidad. Mientras alzaba la Hostia, los cañones de las naos tronaron en salva. En ese instante preciso, en medio de la nada, se consagró el Cuerpo y la Sangre de Cristo po...

Synodus Horrenda

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En las sombras húmedas y pestilentes de la Roma del siglo IX, donde el Tíber susurraba secretos de traición y el humo de las antorchas danzaba como espectros en las bóvedas de San Juan de Letrán, se desató uno de los episodios más macabros de la historia de la Iglesia. Todo comenzó el 4 de abril de 896, cuando el Papa Formoso exhaló su último aliento tras un pontificado marcado por la lucha contra la corrupción y las intrigas políticas. Hombre de fe profunda y experiencia diplomática —había servido como obispo de Porto, misionero en Bulgaria y embajador ante reyes germánicos—, Formoso había intentado liberar a la Santa Sede de la influencia asfixiante de la poderosa familia de los duques de Spoleto. Coronó emperador a Arnulfo de Carintia en 896 para contrarrestar el control de los Spoletos, un acto que selló su destino. Nueve meses después, en enero de 897, el nuevo papa Esteban VI —aliado de los Spoletos y movido por el rencor político— ordenó exhumar el cadáver de Formoso. El cuerpo,...

La Resurrección: Aurora que desgarró la noche eterna

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En el crepúsculo de un mundo que se derrumba bajo el peso de su propia incredulidad, donde las sombras de la duda y el relativismo devoran las certezas antiguas como un cáncer silencioso, resplandece aún —imparable, indestructible— el hecho más sublime de la historia humana: la Resurrección de Jesucristo. No fue un mero suceso entre tantos, un episodio piadoso para consolar almas frágiles. Fue el trueno que partió el velo del Templo, el amanecer que rompió las cadenas de la muerte, el beso de Dios al hombre caído. Yo, que contemplo el declive de esta civilización que una vez bebió de esa fuente de vida eterna, no puedo sino escribir: ¡Él vive! Y en esa verdad radica la esperanza que ninguna tiniebla moderna ha podido apagar del todo. Imaginad la escena con la intensidad de quien revive un milagro que sigue latiendo en la sangre de los redimidos. El sepulcro, tallado en la roca fría de Jerusalén, yacía sellado con piedra y guardia romana, como si el poder del César pudiera contener al A...

La rendija de la misericordia

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  Existe evidencia, al menos anecdótica y respaldada por estudios serios, de que quienes viven sin fe transitan la vida con una sombra más pesada sobre el alma. Yo lo he visto de cerca, en conversaciones amargas y miradas cansadas. Tengo amigos, e incluso familiares, que parecen cargar el peso del mundo entero sobre sus hombros, cuando nadie les pidió llevarlo. En el terreno político, sobre todo, se siente con una intensidad casi dolorosa: cada injusticia, cada crisis, cada grieta del planeta se les clava en la carne como un puñal personal. No hay distancia, no hay redención eterna; todo es drama inmediato, todo es el fin del mundo aquí y ahora. La rabia se vuelve crónica, la desesperanza un compañero fiel, el cinismo una forma de ser. Al contrario, los que tienen fe —aunque sea esa fe que a veces titubea como una vela en la tormenta— encaran los mismos problemas con una filosofía distinta, casi poética. Miran la tormenta y, en medio del viento que azota, susurran en el fondo del c...

La mujer de César y el caso Adorni

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Hay un antiguo dicho romano que sigue siendo implacable: "la mujer de César no sólo debe ser honesta, debe parecerlo" . No es justo. Es una vara alta y, en muchos casos, desigual. Pero en política, especialmente cuando se llega al poder prometiendo terminar con los privilegios y la fiesta del gasto público, esa exigencia se vuelve innegociable. Javier Milei lo entendió en sus primeras semanas de gobierno. Viajaba en aviones de línea, pagando sus pasajes como cualquier ciudadano, en un gesto claro de austeridad. Con el tiempo, por razones de seguridad y agenda, ese hábito cambió. Pero ese detalle inicial marcaba una diferencia simbólica importante. Hoy, sin embargo, es Manuel Adorni quien está bajo la lupa. Desde marzo de 2026, el jefe de Gabinete y vocero presidencial enfrenta cuestionamientos por el uso del avión presidencial Tango 01 con su esposa Bettina Angeletti, un vuelo charter a Punta del Este durante el carnaval, la compra de un departamento en Caballito con un prést...

La resurrección de Händel

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(Inspirado en el relato “Georg Friedrich Händels Auferstehung” de Stefan Zweig, incluido en sus Momentos estelares de la humanidad, libro que estoy leyendo con unos amigos para mi club de lectores. Escrito en mi estilo y con mi mirada: retórica apasionada, idealismo combativo, melancolía profunda por un mundo que se apaga, y la convicción católica de que solo la Cruz y la Palabra divina pueden resucitar lo que yace muerto.) En el Londres gris y mercantil de 1741, Georg Friedrich Händel era ya un hombre roto. El coloso de la ópera italiana, el que había hecho temblar teatros enteros con su fuego barroco, yacía derrotado. Un derrame cerebral años antes le había dejado la mano derecha paralizada, la lengua torpe y el alma sumida en una noche espesa. Las deudas lo acosaban como lobos; el público, voluble y hastiado, ya no llenaba sus salas. La moda había cambiado: lo italiano ya no bastaba, y el inglés exigía algo distinto, algo más hondo, más verdadero. Händel caminaba por las calles como...

Hablemos del traidor

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Conocemos a Judas por un solo gesto: un beso y treinta monedas de plata. Y creemos, con esa simplicidad brutal, haberlo comprendido todo. Pero nos equivocamos. Judas no comenzó siendo traidor. Comenzó siendo discípulo. Caminó con el Maestro, compartió su mesa, escuchó de cerca las parábolas que desconcertaban a las multitudes, vio con sus propios ojos milagros que luego otros solo conocerían de segunda mano. Estaba, físicamente, más cerca de Jesús que la mayoría. Y sin embargo, se perdió. No porque dejara de creer en Jesús, sino porque Jesús se negó a encajar en el Mesías que Judas había construido en su mente. Él deseaba un rey que restaurara el orden por la fuerza, que corrigiera la historia con poder visible, que impusiera justicia según sus propios términos. Quería un Mesías político y triunfante. Cuando Jesús eligió el camino estrecho —el silencio ante Pilato, el servicio hasta lavar los pies, la entrega voluntaria a la Cruz—, algo se rompió definitivamente en el corazón de Judas....

La atracción de los hombres jóvenes hacia el catolicismo tradicional: un signo esperanzador en tiempos de secularización

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  Imaginemos a un joven que entra por primera vez en una parroquia de arquitectura moderna, de líneas frías y minimalistas, que más parece un auditorio funcional que un espacio sagrado. El sacerdote, un hombre mayor formado en los años inmediatamente posteriores al Concilio, improvisa partes de la liturgia con comentarios personales y anécdotas cotidianas. La música, de guitarras y cantos de estilo folk, crea una atmósfera informal y cercana. Su homilía se centra en un amor incondicional y difuso, insistiendo una y otra vez en que “no debemos juzgar a nadie”. Todo transmite horizontalidad, familiaridad y una moral blanda, adaptada al espíritu del tiempo. Semanas más tarde, el mismo joven asiste a otra misa. La iglesia, de noble arquitectura tradicional, con sus arcos elevados, vitrales que filtran una luz trascendente y un crucifijo central imponente, invita desde el primer instante a la reverencia y a levantar la mirada hacia Dios. Reina un silencio ordenado y sagrado. La liturgia...

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