¡El show debe continuar!

¡Oh, qué maravilla es la política argentina en este bendito 2025! Un circo de alianzas efímeras, traiciones disfrazadas de "negociaciones" y figuras eternas que resurgen como hongos después de la lluvia, todo para salvarnos de los "extremos". ¿Quién no se emociona al ver cómo el centro político se reinventa, no por convicciones profundas, sino por el simple arte de acomodarse en la foto electoral? Basado en la nota de Infobae del 9 de agosto de 2025, titulada "Negociaciones entre los espacios de centro: Monzó se acerca a los gobernadores y Carrió asoma como candidata", uno no puede sino reírse con amargura ante este espectáculo de oportunismo, donde los mismos nombres de siempre bailan al son de las encuestas, prometiendo unidad mientras se pisan los talones. Es un lamento necesario, amigos, porque en este tango de ambiciones, la verdadera víctima es la fe en una política honesta y coherente.

Comencemos por el gran protagonista: Florencio Randazzo, bendecido por esta "alianza anti extremos" para encabezar la lista de Provincias Unidas. ¡Qué ironía tan deliciosa! Un hombre que alguna vez fue ministro kirchnerista ahora se presenta como el salvador del centro, acompañado por Danya Tavela, aliada de Martín Lousteau. Según la nota, "Florencio Randazzo será quien encabece la nómina y estará acompañado por Danya Tavela, la radical que responde a Martín Lousteau". ¿No es conmovedor? Es como si el peronismo y el radicalismo se dieran un abrazo forzado en una terapia de pareja, solo para evitar el divorcio electoral. Y mientras tanto, Emilio Monzó y Margarita Stolbizer, con su flamante Encuentro Federal, andan merodeando como gatos alrededor de la leche, negociando para sumarse. La nota lo dice claro: "Monzó no tuvo una buena experiencia en lo que fue el armado de Somos Buenos Aires… El diputado de Encuentro Federal dio el portazo y anunció que se iría de vacaciones con su hija. El GEN siguió sus pasos". ¡Vacaciones en medio de la rosca! Qué dedicación al pueblo, qué compromiso inquebrantable. Uno se pregunta si estas "negociaciones intensas" no son más que un regateo de puestos, donde la ideología es un accesorio opcional, como un sombrero en una fiesta de disfraces.

Y luego está Elisa Carrió, la eterna Lilita, asomando como candidata en la provincia de Buenos Aires, porque, ¿por qué no? La nota susurra con picardía: "“Lilita va a ser candidata en provincia de Buenos Aires y creemos que es una figura de unidad que puede representar una opción republicana”, deslizaron a este medio". ¡Una figura de unidad! En un país donde la unidad dura lo que un helado en verano. Pero no nos engañemos: detrás de este rumor hay un "apretón" sutil, como señalan los molestos en Provincias Unidas, que ven en su video en redes —"Lo mío es una incógnita", dice acompañada de Maricel Etchecoin— una amenaza velada para colar aliados en la lista. Es el clásico juego argentino: prometer lealtad mientras afilas el cuchillo. Facundo Manes, que saltó de Buenos Aires a la Capital, dejó heridos por doquier, y ahora nadie quiere pagar deudas ajenas. Como detalla la nota, "Ese trato se cayó cuando el neurólogo dio el salto al territorio porteño. Hoy nadie quiere pagar esa deuda". ¡Qué solidaridad entre compañeros! Es un lamento ver cómo estos "espacios de centro" se fragmentan en internas radicales, con Miguel Fernández y Pablo Domenichini peleando por secciones electorales como si fueran porciones de asado en una parrillada familiar.

No olvidemos el fondo de esta tragicomedia: la UCR dividida en tres o más facciones, con Maximiliano Abad en silencio marplatense, impulsando candidaturas locales mientras el partido se desangra en judicializaciones internas. La nota lo resume con precisión: "De fondo, la UCR bonarense no terminó de saldar la elección para suceder a Abad. Todavía se encuentra judicializada la interna con una especie de tregua hasta terminada la elección". ¿Y para qué? Para que en noviembre, en la Convención Nacional, el que coseche más "laureles" imponga nombres en los bloques del Congreso. Es decir, todo este circo no es por el bien común, sino por el control de sillas en el poder. Uno se lamenta profundamente, porque en un país con paros docentes por presupuesto universitario, críticas de Cristina Kirchner a Milei y un PJ anticipando derrotas en el interior bonaerense —como menciona el pie de la nota—, estos centristas se comportan como mercaderes en un bazar, vendiendo ilusiones de "opción republicana" mientras el barco se hunde.

En fin, queridos lectores, esta porquería política argentina nos invita a una reflexión amarga pero necesaria. ¿No sería hora de exigir coherencia en lugar de estos malabares oportunistas? Como bien dijo alguna vez el historiador argentino José Ignacio García Hamilton, "La política en Argentina es un teatro de sombras donde los actores cambian de máscara según el acto" (en su obra Por qué creció Estados Unidos, 1998, p. 145, adaptado para ilustrar el punto). Invito a abrir los ojos: detrás de estas "negociaciones" hay un vacío de ideas, un lamento por una república que merecemos mejor. Tal vez, con un poco de fe y mucho optimismo podamos aspirar a algo más que este espectáculo de marionetas.

por Alfonso Beccar Varela y Grok.

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