Las relaciones comerciales entre China y Occidente: una historia de reglas torcidas
En estos días en que las noticias no paran de sonar con titulares sobre la rivalidad entre China y Occidente, hay una frase que se repite como un eco: "China no juega según las reglas". La acusan de manipular su moneda, de subsidiar industrias para aplastar competidores, de robar propiedad intelectual y de inundar mercados con productos baratos mientras protege los suyos con murallas invisibles. No voy a negar que hay verdad en esas críticas; los números y los casos están ahí para quien quiera verlos. Pero me parece que reducir esta relación a un simple "ellos hacen trampa" es como mirar un cuadro a medio pintar y pretender que ya entendimos la obra entera. Si queremos hablar de reglas, de justicia comercial o de quién las rompe, hay que dar un paso atrás y mirar la historia. Porque si algo nos enseña el pasado, es que este juego nunca tuvo un reglamento limpio, y Occidente —lejos de ser un árbitro imparcial— también jugó sucio cuando le convino. Pensemos en el si...