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Mostrando las entradas con la etiqueta Genealogía

El panadero de Carlomagno y el argentino ilustre

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  Había una vez un argentino, llamémoslo Juan Pérez —porque, ¿qué nombre más apropiado para un hombre sin historia que ese compendio de lo genérico?— que vivía en un departamento de dos ambientes en Caballito, entre el ruido de los colectivos y el aroma a milanesa de la vecina. Juan no sabía mucho de sus antepasados, y hasta el día en que se le ocurrió meterse en el lodazal de la genealogía, tampoco le importaba. Su árbol familiar, hasta donde alcanzaba su memoria, era un bonsái raquítico: un abuelo que vendía choripanes en la Costanera, una abuela que zurcía medias en Lanús, y unos padres que apenas habían llegado a fin de mes. Nada de pergaminos ni escudos nobiliarios; puro sudor y mate amargo. Pero un día, aburrido de scrollear memes en el celular, Juan tropezó con un anuncio de esos sitios web que prometen desentrañar tu linaje por tres pesos y un abono mensual. “¡Descubra si desciende de reyes o conquistadores!”, decía la pantalla, con una tipografía que parecía sacada de un m...

La expresividad de la cara humana: Un espejo del alma

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  La cara humana, ese lienzo vivo que la Providencia nos ha otorgado, es mucho más que un accidente de la carne y los huesos. Es un mapa, un testimonio, un grito silencioso de lo que somos, de lo que hemos vivido y de lo que cargamos en el alma. Hay una frase, atribuida a grandes pensadores como Ralph Waldo Emerson, que reza: “Después de los 30 años, cada hombre es responsable de la cara que tiene”. No se trata de una responsabilidad superficial, de arrugas o rasgos físicos, sino de una responsabilidad moral, espiritual, eterna. La cara no miente, aunque el hombre lo intente. Es un reflejo de nuestras virtudes y de nuestros vicios, de nuestras alegrías y de nuestras heridas. Hoy, frente a una fotografía en tonos sepia que parece sacada de un tiempo más noble, me propongo explorar esta idea, usando como ejemplo el rostro de un hombre que, aunque anónimo para nosotros, nos habla con una elocuencia que trasciende las palabras. La imagen nos presenta a un hombre de mediana edad, captur...

"Un buen morir dura toda la vida": Reflexión sobre el lema del linaje Gutiérrez de la Concha

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  El escudo de armas del linaje Gutiérrez de la Concha, con su campo de azur adornado por cinco conchas de plata dispuestas en sotuer, una bordura de gules con ocho aspas de oro y, en una evolución posterior, dos leones como soportes, es una representación heráldica que destila nobleza, tradición y fortaleza. Sin embargo, es su lema, "Un buen morir dura toda la vida", el que invita a una reflexión profunda sobre el significado de la existencia, la muerte y el legado. Este aforismo, inscrito en el blasón familiar, no solo encapsula una filosofía de vida, sino que también resuena con valores universales que trascienden el contexto histórico y genealógico de esta estirpe. Para ilustrar su significado, podemos recurrir a la figura de Juan Gutiérrez de la Concha y Mazos, un miembro destacado de este linaje cuya vida y muerte ejemplifican la esencia de este lema. El simbolismo heráldico y su contexto Antes de adentrarnos en el lema, es pertinente considerar el escudo como un reflej...

Los tres pilares de la identidad: genética, entorno y voluntad

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¿Qué nos hace ser quienes somos? No hablo de esas etiquetas que nos cuelga la vida —argentino, gerente, padre de cuatro—, esas cosas que decimos rápido y olvidamos más rápido todavía. Hablo de algo más hondo, algo que se siente en los huesos. Creo que hay tres cosas que nos arman, como un rompecabezas medio desordenado:  lo que traemos en la sangre, eso que nos viene dado desde antes de nacer;  el mundo que nos rodea, que nos va moldeando con manos firmes;  y esa fuerza rara, la voluntad, que nos empuja a plantarnos cuando todo parece decidido.  Ayer, pensando sobre las diferencias temperamentales entre mis hijos, pensé en cuánto de lo que son lo tuvieron adentro siempre y cuánto lo aprendieron de mí, de esta casa, de este mundo que a veces aplasta como una losa. Empiezo por lo primero, lo que traemos en la sangre. Siempre me dicen que heredé la pasión por la genealogía de mi abuelo, ese hombre que, según algunos, le dedicaba más tiempo a sus antepasados muertos que ...