No hay nada que mirar acá
Los medios de izquierda y sus aliados progresistas volvieron a mostrar su repertorio favorito: el lenguaje incendiario de siempre. Viktor Orbán, durante años, fue etiquetado como dictador , autócrata , tirano en ciernes y constructor de un sistema diseñado para no soltar nunca el poder. “Hungría ya no es una democracia”, repetían como loros. “Orbán ha destruido las instituciones para gobernar de por vida”, alertaban con tono apocalíptico en The Guardian, The New York Times, CNN y compañía. El mismo libreto que usan con Donald Trump (“amenaza existencial para la democracia”), con Javier Milei (“fascista libertario” o “wannabe dictador”) y con cualquier líder que se atreva a desafiar el consenso globalista y la agenda woke. Ese hiperbólico arsenal retórico es devorado con gusto por una enorme parte de sus lectores. Les encanta. Les da sentido de superioridad moral y les permite sentir que están del lado correcto de la historia mientras demonizan al disidente de turno. No importa s...