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El peso

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EL PESO Novela Villa Devoto, otoño El dolor no se explica: se atraviesa. Dios no se cita. Se pone delante. ( Hacer click acá para leer la novela completa ) por Alfonso Beccar Varela y Grok Octubre 2026

Pastores de camisa gris

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Se los ve en la foto de asamblea y el ojo, antes que el oído, ya ha entendido. Dos filas, parquet, sonrisa de plenario. Detrás, un tapiz: la escena sagrada, el rojo, el oro, el buey, lo que la Iglesia fue cuando todavía se atrevía a representarse. Delante, la Comisión. Camisas grises, blancas, una celeste. Manga corta. El alzacuello como único distintivo, y una cruz otrora pectoral, ahora a la altura en que la panza le ganó al cinturón. Sonríen como el dirigente que ya tiene el comunicado en el bolsillo y puede irse a almorzar. El tapiz predica. Ellos presiden. Parecen más los directivos de un sindicato que pastores elegidos por Dios para guardar la fe. El parecido no es un chiste de café. Es un estilo. El sindicalista argentino tiene una estética y una moral de aparato: la foto de equipo, el texto que no compromete, la reivindicación que siempre es de otro, la prudencia que se llama conducir. El Episcopado, cuando se fotografía como cuerpo, entra en esa pose. No arriesga la verdad com...

¿Qué es la Teología del Cuerpo?

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Adán y Eva en el jardín del Edén por Johann Wenzel Peter, austríaco,  pintada hacia 1820 y conservada en los Museos Vaticanos. Siempre había oído hablar de estas enseñanzas de San Juan Pablo II. Las oía como se oye un rumor que viene de otra parroquia: algo que existía, que entusiasmaba a unos y ponía nerviosos a otros, y que a mí no me incumbía. Había sido formado en una visión del catolicismo quasi sectaria. El peor pecado, el que de verdad importaba, era la lujuria. Y nada parecía más prudente que mantener a la mujer a distancia, porque se la tenía por tentadora eterna. En ese clima, la sola palabra "cuerpo" me ponía los pelos de punta. A eso se sumaba un supuesto estoicismo: la idea de que el cuerpo es lo que nos ti ra para abajo, el lastre, la bestia que el espíritu debe tener a raya. Se entenderá con qué sospecha recibía yo estas catequesis. De hecho, ni las miraba. Si el cuerpo era el enemigo, una teología del cuerpo sonaba a capitulación. Fue mi querida suegra la que ...

Donde cayó la cuchilla, se alzó el Cáliz

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El 26 de septiembre de 2026, en la Plaza de la Concordia, el sucesor de Pedro celebró la Eucaristía sobre el mismo suelo donde la Revolución plantó la guillotina. No era un escenario neutro. Allí rodaron las cabezas de un rey ungido, de una reina y de más de mil condenados. El Terror no fue un exceso: fue la lógica de un proyecto que quiso medir al hombre sin Dios y terminó midiendo su cuello. Dos siglos después, sobre esa piedra, se alzó el Cáliz. No para hacer turismo espiritual. Para proclamar que la sangre que salva no es la que se derrama para sembrar miedo, sino la que se ofrece para dar vida. Ochocientas mil almas. El agua viva del Costado de Cristo corriendo, al menos en signo, donde antes corrió la sangre del cadalso. Quiero aferrarme a eso. Quiero verlo como triunfo. Porque me aferro a la barca de Pedro. No a una idea de Pedro: a Pedro. Aunque el timonel no sea el que yo habría elegido. Aunque a veces el rumbo me duela. Y, al mismo tiempo, me sabe a poco. La Iglesia no olvida...

On modern architecture and churches

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  A dear friend—who happens to be an architect—read my essay Cuando el cielo dejó de caber en el hormigón and answered that modern sacred architecture is not a lost cause. As proof he offered two celebrated buildings: Le Corbusier’s chapel at Ronchamp and Richard Meier’s church of Dio Padre Misericordioso at Tor Tre Teste. I owe him a reply. What follows is the view I gave him, now set down for other readers of this blog. The Hill, the Crab Shell, and the God Who Was Not Consulted Ronchamp is the building one is not allowed to touch. Mention the wreck of sacred architecture after the war and someone will produce, like a relic, Le Corbusier’s chapel on the hill of Bourlémont. Not a warehouse , they say. Not a gymnasium. Look at the light. And they are not entirely wrong. Notre-Dame du Haut is not the beige auditorium in which a generation of Catholics was taught that God prefers fluorescent tubes. It is a sculpture that knows how to keep a secret. The roof lifts like a sail or a c...

Cuando el cielo dejó de caber en el hormigón

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Vi esta semana Heaven in Stone and Glass , de monseñor Barron. El comentario que me quedó no era una tesis de historia del arte. Era más simple y más cruel: él y yo crecimos en la misma época en que la Iglesia, de pronto, empezó a construir como si se avergonzara de haber construido Chartres. Las iglesias de nuestra infancia no cantaban. A veces eran brutalistas. Muchas parecían galpones, auditorios municipales, depósitos de algo sagrado que ya no se atrevía a declararse sagrado. El hormigón desnudo, el techo bajo, el altar como una mesa de comedor, la luz blanca y administrativa. Uno entraba y el cuerpo no sabía si debía arrodillarse o pedir un número. El edificio no mentía: anunciaba que lo que ocurría allí podía ocurrir en cualquier parte. Ese estilo no nació de la pobreza. Nació de una ideología. Hubo, primero, una teología que dejó de mirar hacia arriba. El templo dejó de ser umbral de la Jerusalén celeste y pasó a ser “casa de la asamblea”. El acento se desplazó del Misterio que ...

El laberinto que no extravía

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Fui a ver, en cine, Heaven in Stone and Glass , el documental de monseñor Robert Barron sobre las grandes catedrales góticas de Francia. No esperaba que una de las cosas que más me quedara grabada no fuera solo la luz de Chartres o el vértigo de las bóvedas, sino aquello que está bajo los pies: el laberinto. En la nave de Chartres —y en otras pocas catedrales que aún lo conservan— hay un círculo de piedra de casi trece metros de diámetro, trazado con once circuitos concéntricos. Un solo camino. Doscientos sesenta metros de ida hasta el centro. No es un dédalo para perderse. Es un camino para llegar. Eso, en el siglo XIII, no era un adorno. La catedral gótica era, antes que nada, una Biblia abierta para un pueblo que en su mayoría no sabía leer. Portadas que predicaban la Encarnación, la Ascensión y el Juicio. Capiteles que contaban a Sansón, a Judith, a Tobías. Vidrieras que convertían la luz del sol en doctrina: el azul de Chartres no es un capricho estético, es teología hecha color....

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