Sobre el posible cisma de los lefevristas
Queridos amigos que andan con el ceño fruncido y el misal en la mano, diagnosticando a cada rato que la Iglesia postconciliar ya no cumple su misión salvífica, permítanme una pregunta bien simple y que pega fuerte: ¿quién los hizo jueces de la Esposa de Cristo? Dicen que la Iglesia ya no salva almas porque cambiaron las formas, porque el lenguaje se suavizó, porque ya no hay procesiones de flagelantes ni púlpitos que truenen contra el modernismo como en los tiempos de antes. Y en nombre de esa supuesta “pérdida de la misión”, les parece legítimo levantar una estructura paralela, con seminarios propios, obispos propios y una obediencia a elección que, en la práctica, equivale a decir: “Roma erró, pero nosotros no”. Y entonces llega la Fraternidad San Pío X —o los sectores más duros de ella— y anuncia nuevas consagraciones episcopales sin mandato pontificio, como si el drama del '88 fuera una comedia que merece secuela. ¿Salvación de almas? ¿Estado de extrema necesidad? No me vengan ...