Los manzanos de Gartenstraße
Había una vez una casa en la calle Gartenstraße, en el barrio de Plagwitz, al oeste de Leipzig. No era una casa llamativa ni particularmente linda. Tenía el color del ladrillo ahumado, las ventanas altas y estrechas de las construcciones de finales del siglo pasado, y un pequeño jardín trasero donde crecían tres manzanos torcidos y un ciruelo que cada verano prometía más de lo que daba. Desde la cocina se oía el traqueteo de los tranvías que bajaban hacia las fábricas de algodón y de maquinaria, y por las noches, cuando el viento soplaba del norte, llegaba el olor denso del carbón y de los tintes químicos que flotaban sobre el río Weiße Elster. En esa casa vivían los Richter. Heinrich Richter era un hombre de estatura mediana, espalda recta, bigote cuidadosamente recortado y ojos de un gris claro que parecían siempre calcular distancias. Había trabajado de contador en una de las grandes empresas textiles de la ciudad hasta que la inflación de 1923 se llevó por delante, en cuestión...