Donde cayó la cuchilla, se alzó el Cáliz
El 26 de septiembre de 2026, en la Plaza de la Concordia, el sucesor de Pedro celebró la Eucaristía sobre el mismo suelo donde la Revolución plantó la guillotina. No era un escenario neutro. Allí rodaron las cabezas de un rey ungido, de una reina y de más de mil condenados. El Terror no fue un exceso: fue la lógica de un proyecto que quiso medir al hombre sin Dios y terminó midiendo su cuello. Dos siglos después, sobre esa piedra, se alzó el Cáliz. No para hacer turismo espiritual. Para proclamar que la sangre que salva no es la que se derrama para sembrar miedo, sino la que se ofrece para dar vida. Ochocientas mil almas. El agua viva del Costado de Cristo corriendo, al menos en signo, donde antes corrió la sangre del cadalso. Quiero aferrarme a eso. Quiero verlo como triunfo. Porque me aferro a la barca de Pedro. No a una idea de Pedro: a Pedro. Aunque el timonel no sea el que yo habría elegido. Aunque a veces el rumbo me duela. Y, al mismo tiempo, me sabe a poco. La Iglesia no olvida...