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Donde cayó la cuchilla, se alzó el Cáliz

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El 26 de septiembre de 2026, en la Plaza de la Concordia, el sucesor de Pedro celebró la Eucaristía sobre el mismo suelo donde la Revolución plantó la guillotina. No era un escenario neutro. Allí rodaron las cabezas de un rey ungido, de una reina y de más de mil condenados. El Terror no fue un exceso: fue la lógica de un proyecto que quiso medir al hombre sin Dios y terminó midiendo su cuello. Dos siglos después, sobre esa piedra, se alzó el Cáliz. No para hacer turismo espiritual. Para proclamar que la sangre que salva no es la que se derrama para sembrar miedo, sino la que se ofrece para dar vida. Ochocientas mil almas. El agua viva del Costado de Cristo corriendo, al menos en signo, donde antes corrió la sangre del cadalso. Quiero aferrarme a eso. Quiero verlo como triunfo. Porque me aferro a la barca de Pedro. No a una idea de Pedro: a Pedro. Aunque el timonel no sea el que yo habría elegido. Aunque a veces el rumbo me duela. Y, al mismo tiempo, me sabe a poco. La Iglesia no olvida...

On modern architecture and churches

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  A dear friend—who happens to be an architect—read my essay Cuando el cielo dejó de caber en el hormigón and answered that modern sacred architecture is not a lost cause. As proof he offered two celebrated buildings: Le Corbusier’s chapel at Ronchamp and Richard Meier’s church of Dio Padre Misericordioso at Tor Tre Teste. I owe him a reply. What follows is the view I gave him, now set down for other readers of this blog. The Hill, the Crab Shell, and the God Who Was Not Consulted Ronchamp is the building one is not allowed to touch. Mention the wreck of sacred architecture after the war and someone will produce, like a relic, Le Corbusier’s chapel on the hill of Bourlémont. Not a warehouse , they say. Not a gymnasium. Look at the light. And they are not entirely wrong. Notre-Dame du Haut is not the beige auditorium in which a generation of Catholics was taught that God prefers fluorescent tubes. It is a sculpture that knows how to keep a secret. The roof lifts like a sail or a c...

Cuando el cielo dejó de caber en el hormigón

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Vi esta semana Heaven in Stone and Glass , de monseñor Barron. El comentario que me quedó no era una tesis de historia del arte. Era más simple y más cruel: él y yo crecimos en la misma época en que la Iglesia, de pronto, empezó a construir como si se avergonzara de haber construido Chartres. Las iglesias de nuestra infancia no cantaban. A veces eran brutalistas. Muchas parecían galpones, auditorios municipales, depósitos de algo sagrado que ya no se atrevía a declararse sagrado. El hormigón desnudo, el techo bajo, el altar como una mesa de comedor, la luz blanca y administrativa. Uno entraba y el cuerpo no sabía si debía arrodillarse o pedir un número. El edificio no mentía: anunciaba que lo que ocurría allí podía ocurrir en cualquier parte. Ese estilo no nació de la pobreza. Nació de una ideología. Hubo, primero, una teología que dejó de mirar hacia arriba. El templo dejó de ser umbral de la Jerusalén celeste y pasó a ser “casa de la asamblea”. El acento se desplazó del Misterio que ...

El laberinto que no extravía

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Fui a ver, en cine, Heaven in Stone and Glass , el documental de monseñor Robert Barron sobre las grandes catedrales góticas de Francia. No esperaba que una de las cosas que más me quedara grabada no fuera solo la luz de Chartres o el vértigo de las bóvedas, sino aquello que está bajo los pies: el laberinto. En la nave de Chartres —y en otras pocas catedrales que aún lo conservan— hay un círculo de piedra de casi trece metros de diámetro, trazado con once circuitos concéntricos. Un solo camino. Doscientos sesenta metros de ida hasta el centro. No es un dédalo para perderse. Es un camino para llegar. Eso, en el siglo XIII, no era un adorno. La catedral gótica era, antes que nada, una Biblia abierta para un pueblo que en su mayoría no sabía leer. Portadas que predicaban la Encarnación, la Ascensión y el Juicio. Capiteles que contaban a Sansón, a Judith, a Tobías. Vidrieras que convertían la luz del sol en doctrina: el azul de Chartres no es un capricho estético, es teología hecha color....

El faro que ya no corta la niebla

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Al principio, el mero contraste visual con su predecesor me ilusionó. Pensé, tal vez ingenuamente, que León XIV devolvería a la Iglesia algo de sus tradiciones y la claridad meridiana que este mundo en crisis necesita. Con el paso de los meses esa esperanza se ha ido desvaneciendo. La permanencia en puestos clave de funcionarios como el cardenal Fernández al frente del Dicasterio para la Doctrina de la Fe no es un detalle de curia: es un signo. El último documento firmado por él y por otros, y aprobado por el Papa, no me ayuda. No es un pronunciamiento ex cathedra. No es infalible. Aun así, es un ejemplo más del faro que ya no ilumina en la tormenta. A nivel personal he abrazado el Fiat voluntas tua en mi vida con el cáncer. En estos dos años he aprendido que la voluntad de Dios es misteriosa y hasta juguetona con nuestras expectativas. Discernir cuál es Su voluntad para su Iglesia me resulta todavía más oscuro. Me aferro al mástil de la barca de Pedro y pido fuerza para creer, aunque ...

The Stones Without the Men

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When I see the pictures of Islam’s new onslaught against Europe and do not see the Don Pelayos, the Charles Martels, the Crusaders crying Deus vult , John of Austria at Lepanto or John Sobieski at the gates of Vienna, my rage turns quickly into the sadder thing: impotence. The old continent still has the stones. It no longer has the men who believed the stones represented something worth dying for. And I cannot help comparing that exhausted inheritance with our United States — vulgar, unfinished, without a long history or true class — and yet still capable, at least in part, of kicking back. That is why I believe that the United States, with all its known defects, has a fundamental advantage over a Western Europe where apostasy from Christian civilization has not merely emptied the churches but reshaped the soul of society. Not irreversibly, perhaps. But reversal would take an effort I do not see even in its infancy. Even much of what calls itself “the Right” there has absorbed a socia...

"La bella Marianne", mi antepasada

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Este escrito sobre la vida de mi antepasada se basa en una detallada biografía escrita por mi tío, Marcelo Aubone Ibarguren, que se puede leer completa y en su formato original en la ficha de Johanna Maria Carolina Ruaux en Genealogía Familiar. La he re-escrito con la ayuda de mi asistente Grok, que también imaginó la imagen que ilustra el artículo. En los salones de Buenos Aires —cera de piso, gardenias de Palermo, café que nunca se enfriaba del todo— las mujeres de los Schindler porteños se inclinaban unas hacia otras cuando los hombres hablaban de negocios o de política. Bajaban la voz. Pedían reserva absoluta. Y entonces, como quien entrega una reliquia, revelaban el secreto: Guillermo, el fundador, no era hijo de un comerciante hamburgués venido a menos. Era hijo por la mano izquierda. Del Kaiser. O del rey de Suecia. O, en la versión que más se arraigó, de Carlos Federico Augusto Guillermo, el vigésimo tercer duque de Brunswick. La sangre azul había cruzado el océano disfrazada ...

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