Hostia y puñal
Era el 31 de marzo de 1520. Cinco naos rotas y hambrientas entraron en la bahía de San Julián, Patagonia. Frío que cortaba, viento que mataba, invierno austral que se venía como una condena. Hernando de Magallanes, el portugués de hierro al servicio de España, decidió: aquí invernamos. No había otra salida. Al día siguiente, 1 de abril, Domingo de Ramos , mandó bajar a tierra. Según las actas del proceso que vendría después: “hizo llamar Magallanes a todos los dichos capitanes y oficiales e pilotos para que fuesen a tierra a oír misa, y que después fuesen a comer a su nao”. Bajaron velas, ornamentos, un paño decente. Cortaron ramas, armaron una capilla miserable en una islita de arena en el río. Altar improvisado “al modo de nuestra España”. El celebrante: Pedro de Valderrama , clérigo de Écija, capellán de la Trinidad. Mientras alzaba la Hostia, los cañones de las naos tronaron en salva. En ese instante preciso, en medio de la nada, se consagró el Cuerpo y la Sangre de Cristo po...