El faro que ya no corta la niebla
Al principio, el mero contraste visual con su predecesor me ilusionó. Pensé, tal vez ingenuamente, que León XIV devolvería a la Iglesia algo de sus tradiciones y la claridad meridiana que este mundo en crisis necesita. Con el paso de los meses esa esperanza se ha ido desvaneciendo. La permanencia en puestos clave de funcionarios como el cardenal Fernández al frente del Dicasterio para la Doctrina de la Fe no es un detalle de curia: es un signo. El último documento firmado por él y por otros, y aprobado por el Papa, no me ayuda. No es un pronunciamiento ex cathedra. No es infalible. Aun así, es un ejemplo más del faro que ya no ilumina en la tormenta. A nivel personal he abrazado el Fiat voluntas tua en mi vida con el cáncer. En estos dos años he aprendido que la voluntad de Dios es misteriosa y hasta juguetona con nuestras expectativas. Discernir cuál es Su voluntad para su Iglesia me resulta todavía más oscuro. Me aferro al mástil de la barca de Pedro y pido fuerza para creer, aunque ...