¡Por fin! La inclusión que faltaba: la mujer embarazada, esa gran desaparecida
Queridos guionistas, directores y comités de diversidad de streaming: felicidades. Han logrado que en 2026 sea más fácil ver a un elfo negro homosexual en una serie de época medieval que a una mujer con una panza de ocho meses comprando pañales en el supermercado. Bravo. El arcoíris brilla, las parejas interraciales se multiplican como conejos en Bridgerton, y las lesbianas protagonizan dramas donde antes había monjas. Pero la embarazada… esa sigue siendo la gran hereje visual. No sea que alguien se sienta incómodo recordando de dónde vienen los humanos. Es fascinante. Vivimos en la era del “representa a todos”, siempre y cuando ese “todos” no incluya el estado natural más obvio y revolucionario de la mitad de la población adulta: la gestación. Una mujer embarazada es un milagro biológico andante. Lleva dentro otro ser humano. Su cuerpo cambia, sus hormonas hacen fiesta rave, camina como pato y aun así sigue funcionando. ¿Y cuántas veces la vemos en pantalla sin que sea el centro dramá...