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Who Is James Talarico?

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James Talarico is the man who just took a Senate seat from Texas, the first Democrat to do so in a generation. A former sixth-grade teacher from the Austin suburbs, a Presbyterian seminarian still finishing his degree, and a four-term state legislator who built a national following by speaking of Jesus in the soft cadences of a progressive preacher. He defeated Ken Paxton by roughly a dozen points. The headlines treat this as a triumph of moderation wrapped in faith. From where I stand, it looks more like the latest and most polished version of an old substitution: the name of Christ kept on the lips while the substance of Christian teaching is emptied out and replaced with the moral vocabulary of the present age. The separation of Church and State is a genuine American achievement, one that has protected the Church from the State’s embrace and the State from the temptation to turn itself into a church. Yet that constitutional arrangement has never required the erasure of Christianity...

The Card That Arrived After the Votes Were Counted

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In Woodstock, Connecticut, a man put two signs in his yard. One for Trump, one for Vance. Ordinary cardboard on ordinary stakes, the kind of quiet declaration neighbors have made for generations during election season. The small town is not a battleground in the national sense; it sits in the Second District, which as a whole preferred Harris by roughly eight points and returned its Democratic congressman by a wider margin. Yet Woodstock itself did something the statewide maps do not always reveal: it gave Trump 2,639 votes to Harris’s 2,451. It was one of fourteen Connecticut towns that moved from Biden in 2020 to Trump in 2024. The man with the signs was not a solitary eccentric shouting into a blue void. He was one voice among a local plurality. After the last election an unsigned card arrived in his mailbox. It is printed to resemble a flag, but the field of stars has been replaced by the circle of the European Union. Across the stripes a bootprint stamps the words “FREE DUMB,” the...

El precio del pan y la soberbia del César

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Ayer no hubo un simple reflujo. Hubo un juicio. Texas, que no elegía un demócrata a nivel estatal desde hace una generación, entregó el Senado y la gobernación. Kansas eligió senador demócrata por primera vez desde 1932. Carolina del Sur, Iowa, Ohio, Carolina del Norte, Maine: el mapa que Trump había ganado por márgenes amplios en 2024 se tiñó de azul en una noche. La Cámara y el Senado pasaron a manos demócratas con mayorías cómodas. No fue una corrección ordinaria de mitad de mandato. Fue la ruptura de una coalición que se había creído consolidada. Las causas no las dicta la prensa partidaria, ni de un lado ni del otro. Las dictan las cocinas. Casi nueve de cada diez votantes dijeron que el costo de la vida fue decisivo. La inflación no volvió a los niveles de 2022, pero el precio de la nafta superó los cuatro dólares y el de los alimentos y la electricidad siguió subiendo. Dos tercios culparon a las políticas de Trump por el empeoramiento. Las tarifas, que se presentaron como impues...

La anciana de Petrogrado

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Leí La Rusia de los Zares de Maurice Paléologue allá lejos y hace mucho. Tendría quince o dieciséis años, y el libro me llegó en un momento en que todavía creía que las grandes cosas de la historia se podían leer como si fueran transparentes. Paléologue había sido embajador de Francia en San Petersburgo desde el comienzo de la guerra hasta 1917. Estuvo ahí cuando todavía se podía hablar con el zar, cuando Rasputín entraba y salía de los palacios, cuando los despachos llegaban cada día con cifras de muertos que ya nadie sabía contar. El libro es su diario: páginas escritas al calor de los hechos, con la corte, los ministros, los generales y el pueblo pasando frente a él como sombras que se van apagando. No es un tratado. Es el testimonio de un hombre que veía cómo se deshacía un mundo y no podía dejar de anotar lo que veía. De todo lo que leí entonces, casi todo se me fue borrando con los años. Quedó una sola imagen, nítida, como si la hubiera visto yo mismo. Paléologue entró en la igle...

Dos Rauch, una misma tierra

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El otro día, hablando con un amigo ingeniero agrónomo, salió el nombre de Rauch. Él trabaja en un campo cercano a esa ciudad bonaerense, y la conversación derivó, como suele pasar, de los cultivos al nombre del lugar. Yo tenía en la cabeza a un Rauch ingeniero, el que había vivido y trabajado en Salta, el de los ferrocarriles del norte. Él me corrigió: el del pueblo era militar, el que había participado en las campañas contra el indio, y que por eso, en los tiempos que corren, había quien pedía cambiarle el nombre. Me quedé con la duda. No era la primera vez que la memoria popular mezclaba a dos hombres de apellido alemán que hicieron de la Argentina su patria. Así que fui a Genealogía Familiar , esa herramienta que tanto me ha servido para desenredar hilos familiares, y me puse a investigar. Lo que encontré fue más rico de lo que esperaba, y también más incómodo para las simplificaciones de turno. El primero es el coronel Federico Rauch, o Friedrich Rauch, nacido en Weinheim el 9 de a...

Sobre los abusos sexuales del clero

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En breve: El abuso de menores por clérigos es un crimen que hiere y, además, sirve. Estas páginas no lo tratan como un episodio cerrado en 2002. Siguen el ocultamiento, más culpable que el abuso mismo, la mancha extendida por la prensa sobre toda la Iglesia, y el fallo que no terminó: en Cleveland, dos de los ocho ordenados en 2017 por el Saint Mary Seminary cayeron después, uno en la cárcel y otro en una renuncia. El tema no muere porque nadie ha querido matarlo en serio. La piedra de molino sigue atada a la puerta, no al cuello de quien la merecía.  

Cruz pectoral, no ventral

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En breve: La cruz de los obispos se llama pectoral porque va sobre el pecho, junto al corazón. Los manuales lo decían sin vueltas: si la cadena es larga, se engancha arriba. Es pectoral, no ventral. Hoy, en muchas fotos, el metal ha bajado un palmo. En otras, desaparece en el bolsillo del saco, para que no incomode la sesión. La Barca hace agua, y hay temas más graves. Pero el signo también importa. Al dejar el hábito por el saco, el bolsillo gana. Al quedar sólo la camisa de manga corta, basta el alzacuello. Lo sagrado cede un palmo, el palmo se vuelve costumbre, y la costumbre se vende como sencillez. Una cruz que se esconde para no molestar ya empezó a callar.

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