Israel: ¿Víctima de su propio éxito?

Israel enfrenta una paradoja intrigante: su capacidad para proteger a sus ciudadanos, un logro admirable, parece alimentar críticas desproporcionadas en el escenario internacional. En los recientes enfrentamientos con Hamas y, más tarde, con Irán, Israel ha demostrado una notable eficacia defensiva. Su sistema “Cúpula de Hierro” interceptó aproximadamente el 90% de los misiles lanzados por Irán en abril de 2023, según el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Israel (INSS, 2023). Además, una red de refugios permite a los civiles resguardarse, reduciendo las víctimas israelíes a menos de 40 en dicho episodio. Este éxito contrasta con las estrategias de sus adversarios, que, según reportes, priorizan tácticas ofensivas sobre la protección de sus poblaciones.

Hamas, por ejemplo, ha sido documentado utilizando hospitales y escuelas como escudos para su infraestructura militar, una práctica condenada por Amnistía Internacional (Informe 2014-2015). Irán, pese a invertir miles de millones en armamento, carece de sistemas comparables para proteger a sus civiles, según análisis del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, 2023). El resultado es una disparidad trágica: bajas mínimas en Israel frente a pérdidas significativas en los territorios de sus adversarios. Sin embargo, en lugar de reconocer el esfuerzo israelí por minimizar víctimas propias y, dentro de lo posible, ajenas mediante ataques quirúrgicos, gran parte de la opinión internacional se centra en las bajas del otro lado.

El historiador Niall Ferguson observa que “el éxito de una nación a menudo genera envidia y resistencia” (Civilization, 2011, p. 45). Israel, con un PIB per cápita de 54,660 dólares y liderazgo en tecnología (Banco Mundial, 2023), destaca en una región marcada por la inestabilidad. Esta prosperidad y resiliencia lo convierten en un blanco de escrutinio selectivo. La ONU, por ejemplo, emitió 33 resoluciones contra Israel en 2022, más que contra cualquier otro país, a menudo sin abordar las tácticas de sus oponentes (Consejo de Derechos Humanos de la ONU, 2023). Como dijo Isaiah Berlin, “la libertad de una nación puede percibirse como una amenaza por aquellos que no la comparten” (Two Concepts of Liberty, 1958).

Esta asimetría plantea una pregunta: ¿por qué el éxito de Israel en proteger vidas es usado en su contra? Las críticas internacionales rara vez cuestionan las políticas de Hamas o Irán, que, según reportes, descuidan la seguridad de sus civiles mientras buscan la confrontación. Israel enfrenta un dilema existencial: un vecino que ha jurado su destrucción, como lo expresó el líder iraní Ali Jamenei en 2020 (Reuters, 22 de mayo de 2020), podría adquirir capacidad nuclear, un riesgo que ninguna nación toleraría. Continuar su defensa, incluida la neutralización de amenazas nucleares, es una necesidad estratégica, no una elección.

No ignoro la complejidad del conflicto ni el sufrimiento de los civiles en todos los bandos. Sin embargo, invito al lector a reflexionar: ¿es justo condenar a Israel por proteger a su pueblo mientras se pasa por alto la responsabilidad de sus adversarios? La coherencia exige que las lágrimas por las víctimas incluyan a todos, judíos y musulmanes por igual, y que las críticas aborden las políticas que maximizan el daño. Si buscamos justicia, que sea para todos, sin distinciones ni omisiones.

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