El linaje genético del Centro Argentino: Continuidad de 8.500 años

 


Un visitante extranjero que camina por las calles de Buenos Aires o Córdoba puede quedar sorprendido por la composición mayoritariamente europea de la población argentina, al menos en las grandes urbes: rostros de rasgos claros, apellidos italianos, españoles o eslavos que dominan el paisaje urbano. Sin embargo, como todos (o casi todos) sabemos, detrás de esa fachada hay una historia más compleja: casi todos los argentinos llevamos antepasados indígenas, y sus genes siguen habitando entre nosotros, a menudo invisibles pero persistentes. Me acabo de enterar que un estudio publicado en la revista Nature del 5 de noviembre de 2025 confirma esto de manera contundente y añade un detalle fascinante: un linaje genético indígena propio del centro de Argentina surgió hace aproximadamente 8.500 años y se mantuvo como componente principal de la ancestría nativa en la región durante milenios, llegando hasta la población actual.

El trabajo, titulado “Eight millennia of continuity of a previously unknown lineage in Argentina”, analizó datos genómicos de 344 muestras provenientes de 310 individuos antiguos de 133 sitios arqueológicos en el noroeste, noreste, este y centro del país, abarcando desde hace 10.000 años hasta épocas recientes. El equipo —liderado por Rodrigo Nores del CONICET en el Instituto de Antropología de Córdoba (IDACOR, CONICET-UNC), junto a Josefina M. B. Motti, Nicolás Pastor y colaboradores de Harvard como Javier Maravall-López y David Reich— identificó que, a partir de un individuo de Córdoba datado en esa época, emerge un linaje distinto de los troncos genéticos ya conocidos en Amazonia, Andes centrales o Patagonia.

Este linaje del centro argentino:

- Se diferenció temprano (hace al menos 10.000 años) de otras poblaciones sudamericanas.

- Coexistió durante el Holoceno Medio con otros dos linajes principales.

- Predominó en el centro argentino sin evidencia significativa de migraciones interregionales masivas que lo reemplazaran.

- Evolucionó localmente, adquiriendo mutaciones propias, y participó en flujos migratorios hacia el noroeste (mezclándose con ancestría andina), la región pampeana (donde se convirtió en principal hace unos 800 años) y el Gran Chaco (mezclándose con amazónica).

- Contribuye de forma significativa al ADN nativo de las poblaciones modernas en Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires y áreas cercanas.

Rodrigo Nores, investigador principal, explica en el comunicado del CONICET: “No existieron reemplazos poblacionales. Es decir, la población del centro y norte del país no fue desapareciendo ni fue desplazada, sino que a través de los años evolucionó de manera local y adquirió nuevas mutaciones y características propias”. Y añade: “Sudamérica tiene una historia poblacional particular, caracterizada por la permanencia prolongada de grupos humanos en los mismos territorios durante milenios; mientras que, en otras partes del mundo, los desplazamientos poblacionales seguidos de mestizaje con las poblaciones preexistentes parecen haber sido más comunes”.

Esta supervivencia de un grupo genético en la misma región durante 8.500 años no es común en el mundo, ni siquiera en Sudamérica. En muchas regiones del planeta —como Europa con las invasiones indoeuropeas, África con expansiones bantúes o partes de América con turnovers post-Clovis— los linajes antiguos suelen ser reemplazados o fuertemente diluidos en escalas de miles de años por migraciones masivas. Aquí, en cambio, predominó una estabilidad biológica notable: grupos cazadores-recolectores (que luego adoptaron economías mixtas) se quedaron en el territorio, resistiendo cambios climáticos, culturales y genéticos externos sin ser desplazados.

Lo relevante es el mestizaje histórico que define la Argentina actual: esta ancestría indígena antigua se integró primero con otras influencias prehispánicas (andinas o amazónicas en gradientes regionales) y, desde el siglo XVI, con los aportes europeos (principalmente españoles e italianos), africanos y migraciones posteriores. El resultado es el pool genético mixto de millones de argentinos hoy: una base nativa profunda (incluyendo este linaje central) combinada con capas externas que formaron la identidad criolla y contemporánea.

En esta etapa temprana no hubo grandes construcciones ni civilizaciones monumentales, pero sí una permanencia que llena un vacío en el mapa genético sudamericano —la región centro estaba subrepresentada en paleogenómica— y muestra que nuestra historia poblacional es el producto de capas acumuladas y mezclas sucesivas a lo largo de más de ocho milenios, sin borrar las raíces profundas.


Fuentes accesibles:

- Comunicado oficial del CONICET: https://www.conicet.gov.ar/un-estudio-internacional-dirigido-por-cientificos-del-conicet-identifico-un-componente-genetico-propio-del-centro-de-argentina/

- Nota de UNCiencia (UNC): https://unciencia.unc.edu.ar/arqueologia/identifican-un-nuevo-linaje-genetico-del-centro-del-pais-que-persiste-desde-hace-8-500-anos/

- Reportaje en Infobae: https://www.infobae.com/salud/ciencia/2025/11/05/cientificos-del-conicet-y-harvard-identificaron-un-nuevo-linaje-genetico-en-el-centro-de-argentina/


Referencia científica original:  

Maravall-López, J., Motti, J. M. B., Pastor, N. et al. Eight millennia of continuity of a previously unknown lineage in Argentina. *Nature* (2025). DOI: 10.1038/s41586-025-09731-3

Comentarios

  1. El mestizaje en América Latina, particularmente en el contexto de la conquista española, representa una de las diferencias más marcadas con respecto a otras colonizaciones europeas. Mientras que la población indígena en gran parte de Sudamérica y Mesoamérica se redujo drásticamente —principalmente por enfermedades introducidas involuntariamente, explotación laboral y conflictos armados—, no hubo una política sistemática y planificada de exterminio total como objetivo central de la Corona española. Al contrario: la monarquía católica promulgó leyes como las de 1542 (Leyes Nuevas) para proteger a los indígenas, prohibir su esclavitud formal y fomentar su conversión y integración, aunque en la práctica hubo abusos graves, encomiendas explotadoras y masacres puntuales (como Cholula o el Templo Mayor).

    La cruz actuó como contrapeso real a la espada: la Iglesia, a través de figuras como Bartolomé de las Casas, denunció atrocidades y presionó por reformas; los misioneros fundaron reducciones y defendieron derechos indígenas. Esto contrastaba con colonizaciones protestantes, especialmente la anglosajona en Norteamérica, donde la lógica era de asentamiento settler-colonial: desplazar o eliminar al nativo para ocupar la tierra sin necesidad de su mano de obra masiva. En EE.UU., políticas como el Indian Removal Act (1830), el Trail of Tears y la expansión al oeste llevaron a desplazamientos forzados sistemáticos, guerras de exterminio y confinamiento en reservas, con declaraciones explícitas de "extermination" en algunos contextos estatales o locales. No era solo enfermedad; era una dinámica de eliminación para liberar territorio.

    Fact-check: La afirmación de que en EE.UU. los nativos fueron "sistemáticamente acorralados y eliminados" se sostiene en evidencia histórica (políticas federales de remoción, guerras indias, masacres como Wounded Knee, y la reducción drástica de población indígena de millones a cientos de miles). En cambio, la conquista española no fue un genocidio intencional planificado para erradicar etnias enteras —el objetivo era dominar, evangelizar y explotar—, aunque resultó en catástrofe demográfica (debates académicos persisten sobre si calificar partes como "genocidio" por masacres o explotación).

    Al "amancebarse" (unirse en uniones consensuadas o forzadas) con mujeres indígenas, los españoles —y sus descendientes criollos— aseguraron una continuidad genética masiva. Esto generó una población mestiza que preservó linajes nativos en el pool genético actual, como el del centro argentino que persiste desde hace 8.500 años. Sin esa mezcla profunda, muchas ancestrías indígenas habrían desaparecido por completo, como ocurrió en mayor medida en Norteamérica anglosajona, donde el mestizaje fue marginal y la segregación racial más rígida.

    En resumen: la conquista española fue tan brutal como la época en que se dio, extractiva y trágica para los indígenas, pero lo incorporó (por conversión, explotación y unión) en lugar de eliminarlo sistemáticamente. Eso explica por qué, pese a todo, la herencia genética indígena late fuerte en millones de latinoamericanos hoy.

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