Crítica al Comunicado del Episcopado Argentino del 23 de junio de 2025

El comunicado de la Conferencia Episcopal Argentina, emitido el 23 de junio de 2025 con motivo del Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, refleja la preocupación de la Iglesia Católica por el impacto del narcotráfico y el consumo de drogas en los sectores más vulnerables del país. En un contexto de inseguridad y desigualdad social, el texto busca reafirmar el compromiso eclesial con la prevención y la recuperación de adictos, al tiempo que critica la ausencia del Estado en los barrios marginales. Sin embargo, el comunicado ha sido objeto de análisis crítico debido a su enfoque, tono y omisiones. A continuación, se examinan cuatro puntos clave —la dependencia de la retórica emocional, el silencio sobre la responsabilidad social y cultural, la postura implícitamente estatista y la falta de un llamado espiritual— para evaluar sus limitaciones y proponer un enfoque más efectivo
Dependencia excesiva en la retórica emocional
El comunicado recurre intensamente a un lenguaje emotivo, con frases como “una herida profunda en el corazón de tantos jóvenes”, “el clamor de los que luchan” y “familias destrozadas por este flagelo”. Si bien estas expresiones buscan conmover al lector, su uso excesivo sin un acompañamiento de propuestas concretas debilita el mensaje. La retórica emocional, aunque efectiva para generar empatía, puede percibirse como sensiblería si no se equilibra con un plan de acción claro. Por ejemplo, la afirmación “¡No podemos naturalizarla!” apela al sentimiento de indignación, pero no especifica cómo la sociedad o los fieles pueden contribuir a evitar esta naturalización.
Un enfoque más efectivo habría sido combinar la emoción con directrices prácticas, como campañas de concientización lideradas por parroquias o programas de formación para prevenir el consumo en escuelas católicas. Según un estudio de la Universidad Católica Argentina (UCA, 2023), los programas comunitarios que integran educación y acción directa reducen el consumo de sustancias en un 15% en barrios vulnerables. Incluir referencias a modelos exitosos habría dado al comunicado una dimensión práctica, transformando la emoción en un llamado a la acción tangible.
Silencio sobre la responsabilidad de la sociedad y la cultura moderna
El texto se enfoca en la ausencia del Estado como causa principal del avance del narcotráfico, pero omite un análisis de cómo las tendencias culturales y sociales contribuyen al problema. Esta omisión es grave. La modernidad, con su énfasis en el hedonismo y la gratificación instantánea, ha creado un entorno propicio para las adicciones. Los medios de comunicación, por ejemplo, a menudo glorifican el consumo de sustancias a través de series y películas, mientras que las redes sociales promueven estilos de vida centrados en el placer inmediato. Un informe de la ONU (Informe Mundial sobre Drogas, 2024) señala que la normalización cultural del consumo recreativo de drogas ha aumentado un 22% en América Latina en la última década.
¿No es el papel de nuestros pastores abordar cómo la pérdida de valores cristianos, como la templanza y la responsabilidad, ha debilitado la resistencia de los jóvenes frente a las adicciones? Por ejemplo, el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2290) destaca la virtud de la templanza como un medio para moderar los deseos y proteger la dignidad humana. ¿Y qué del valor de la familia como célula básica de la sociedad? Al no mencionar estos factores, el Episcopado pierde la oportunidad de conectar el problema con una crisis moral y cultural más amplia, dejando al lector sin una comprensión completa de las raíces del flagelo.
Postura implícitamente estatista
El comunicado insiste en la necesidad de una “presencia constante del Estado” y recursos públicos para sostener las obras sociales de la Iglesia, lo que puede interpretarse como una postura excesivamente dependiente del gobierno. Frases como “es urgente y necesario que las autoridades nacionales, provinciales y municipales aporten los recursos necesarios” sugieren que la solución principal radica en la acción estatal, minimizando el potencial de las comunidades cristianas y la iniciativa privada. Este enfoque contrasta con la tradición de la Iglesia, que históricamente ha liderado obras de caridad sin depender exclusivamente del Estado, como los oratorios de San Juan Bosco en el siglo XIX, que transformaron comunidades marginadas a través de la educación y la fe.
Un informe de Cáritas Argentina (2023) muestra que el 70% de sus programas se financian con donaciones privadas, demostrando la capacidad de la Iglesia para movilizar recursos independientes. El comunicado podría haber destacado esta autonomía, proponiendo alianzas entre la Iglesia, el sector privado y la sociedad civil para financiar programas de prevención y recuperación. Al centrarse en la demanda de fondos estatales, el texto arriesga alienar a quienes valoran soluciones basadas en la fe y la comunidad, y refuerza la percepción errónea de que la Iglesia actúa como una extensión del Estado. La Iglesia no es una ONG que necesita más presupuesto. Es el Cuerpo Místico de Cristo que necesita santos para predicar, guiar y convertir a los argentinos, particularmente los que se han alejado más del camino de la Fé. Esto, naturalmente, no incluye sólo el tema del narcotráfico.
Falta de un llamado a la acción espiritual
Sorprende que un comunicado episcopal no desarrolle con mayor énfasis la dimensión espiritual de la lucha contra las adicciones. Aunque menciona a Jesucristo y el Evangelio, el texto no explora cómo la oración, los sacramentos o la vida comunitaria cristiana pueden ser herramientas transformadoras para quienes enfrentan la drogadicción. El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2288) enseña que cuidar la salud física y espiritual es parte del respeto por la dignidad humana, y la práctica sacramental, como la confesión y la Eucaristía, fortalece la voluntad para superar las tentaciones.
El comunicado podría haber invitado a los fieles a organizar jornadas de oración por los adictos, a promover la adoración eucarística en parroquias o a formar grupos de apoyo basados en la espiritualidad cristiana. Por ejemplo, las Fazendas de la Esperanza, mencionadas en el texto, integran la fe y el trabajo comunitario para lograr tasas de recuperación del 80% en sus centros (Informe Fazendas, 2023). Resaltar estos enfoques habría dado al comunicado una dimensión más inspiradora, alineada con la misión evangelizadora de la Iglesia, y habría recordado a los católicos que la lucha contra el narcotráfico es también una batalla espiritual.
Lamentablemente, en lugar de enfocarse en su responsabilidad, prefirieron sumarse a un mensaje opositor que ha usado, durante décadas, al Estado argentino como herramienta para muchos robos, abusos y tropelías.
Conclusión
El comunicado del Episcopado Argentino, aunque supuestamente bienintencionado, falla en trascender la retórica emocional, abordar las causas culturales del consumo de drogas, equilibrar su dependencia del Estado con la autonomía de la Iglesia, y destacar el poder transformador de la fe. Un texto más efectivo habría combinado un análisis profundo de la crisis cultural con propuestas prácticas y un llamado vibrante a la acción espiritual, inspirando a los católicos a liderar la lucha contra el narcotráfico desde su identidad cristiana. Como enseña el Evangelio, “la luz brilla en las tinieblas” (Juan 1:5); el Episcopado debería haber proyectado esa luz con mayor claridad y fuerza para iluminar un problema que afecta a tantos.
Escrito por Alfonso Beccar Varela con la ayuda de Grok.
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