Ante las consagraciones episcopales de la FSSPX
Ante las consagraciones episcopales de la FSSPX del 1 de julio de 2026
- Rechazo con dolor este acto cismático de ordenaciones episcopales sin mandato pontificio. Es una desobediencia grave que abre una herida más en la unidad visible de la Iglesia.
- La excomunión latae sententiae que conlleva es particularmente triste después de que Benedicto XVI levantara la anterior en 2009 como gesto de misericordia y unidad.
- Me duele profundamente que, tanto desde la FSSPX como desde Roma, no se haya hecho un esfuerzo sincero y urgente por tender puentes, dialogar y resolver las preocupaciones legítimas de tantos fieles que buscan refugio ante la confusión postconciliar.
- En lugar de priorizar la salvación de las almas y la caridad, se optó por el endurecimiento de posiciones. La barca de Pedro es una sola, y nadie tiene derecho a abandonarla ni a dividirla.
- Permanezco en la comunión visible con el Sucesor de Pedro, confiando en la promesa de Cristo: las puertas del infierno no prevalecerán. Que la Virgen nos alcance humildad y unidad.
por Alfonso Beccar Varela y Grok
Agregado del 2 de julio:
El que juega con fuego se quema
Durante casi sesenta años, la Iglesia, con la paciencia cansada de una madre que no quiere perder a sus hijos, ha tendido la mano una y otra vez a aquellos que nacieron del doloroso cisma de Écône. Diálogos discretos, advertencias reiteradas, gestos de acercamiento incluso bajo tres pontificados distintos… Todo fue inútil. Hoy, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe ha hablado con una claridad que no admite equívocos: el fuego que se jugó durante décadas ha terminado por quemar.
Las recientes consagraciones episcopales realizadas sin mandato pontificio y contra la voluntad expresa del Santo Padre han cruzado el umbral. El Obispo Alfonso de Galarreta, al imponer las manos sobre cuatro presbíteros convirtiéndolos en obispos sin autorización de Roma, ha incurrido ipso facto en la excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica. Con él caen también Pascal Schreiber, Michael Goldade, Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier. Y Bernard Fellay, que se prestó a actuar como co-consagrante, ha sellado su propia condena con el mismo acto.
Pero el documento no se detiene en los nombres. Va más lejos. Declara que toda la Fraternidad Sacerdotal San Pío X se encuentra en situación de cisma. Sus ministros sagrados son cismáticos y están excomulgados. Los fieles laicos que se adhieren formalmente a ella comparten la misma pena. Y lo más grave para las almas: los sacramentos que administran —especialmente la Confesión y el Matrimonio— son inválidos. No se trata ya de una “situación irregular” que se pudiera discutir con matices. Se trata de una ruptura formal con la comunión visible de la Iglesia.
El que juega con fuego se quema. Quien, invocando la defensa de la Tradición, termina por rechazar en la práctica el Primado romano y la unidad jerárquica de la Iglesia que Cristo instituyó, termina por separarse de ella. No hay lugar para la ambigüedad ni para los juegos de palabras. La desobediencia que lleva consigo un rechazo práctico del sucesor de Pedro constituye, como ya dijo Juan Pablo II en Ecclesia Dei, un acto cismático.
Y sin embargo, la Iglesia no cierra la puerta con rabia. Como madre solícita, sigue tendiendo la mano. Quienes deseen volver a la plena comunión serán recibidos con afecto sincero. Los Nuncios Apostólicos y los Ordinarios tienen instrucciones para facilitar ese regreso. Pero quienes elijan permanecer donde están deben saber, sin anestesia, que caminan fuera de la única Barca de Pedro.
El fuego ha ardido. Las consecuencias están sobre la mesa. Que el Señor, que es rico en misericordia, ilumine las conciencias de todos los que aún pueden elegir entre la comunión con la Iglesia o la soledad de quien creyó que podía salvar la Tradición quemando los puentes que la unen a Pedro.
Alfonso Beccar Varela
Very sad indeed that this schismatic act occurred. And the hardening of positions allowed it to happen. How awful to be excommunicated! Fills me with fear for their souls.
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