Los 10 Mandamientos nuevos
Los 10 Mandamientos del que no tolera que alguien ose pedir memoria para las víctimas de la subversión y solo tiene ojos para los crímenes de la dictadura:
- No reconocerás otras víctimas que las del Estado. Las más de 1.000 personas asesinadas por la guerrilla (Montoneros, ERP y grupos afines) entre civiles, policías, militares y sindicalistas no existen. Solo cuentan las del terrorismo de Estado.
- No admitirás la “memoria completa”. Quien mencione a las víctimas de la subversión es un negacionista, revisionista o apologista de la dictadura. La historia debe ser unilateral o no es.
- Inflarás la cifra de desaparecidos hasta el infinito. Aunque la CONADEP registró 8.961 desaparecidos (lista abierta), repetirás “30.000” como dogma de fe. Cualquier intento de precisar números es “minimizar”.
- Afrimarás que el que equipara toda violencia comete pecado mortal. Decir que el terrorismo guerrillero (con secuestros, atentados y ejecuciones) contribuyó a la escalada es “teoría de los dos demonios” y está prohibido. Solo hubo un demonio. Punto final.
- Ignorarás el contexto previo al golpe. Los años 1974-1975, con miles de atentados, asesinatos políticos y la disolución institucional, no existieron. Los lazos de organizaciones subversivas con Rusia, Cuba y su intención declarada de imponer sus ideas por las armas deben ser ignorados. El golpe de 1976 fue “nada sorpresivo” y contó con el apoyo de amplios sectores de la sociedad (clase media, sindicatos, empresarios y partidos políticos hartos del caos), pero dirás que surgió de la nada como un acto de pura maldad concebido de antemano como un genocidio.
- Exigirás un auto de fe previo. Antes de permitir que alguien hable de esa época, exigirás que demuestre públicamente su odio visceral a los militares y su lealtad absoluta al relato oficial. De lo contrario, su opinión debe ser descartada de inmediato, sin importar los argumentos que presente.
- Exigirás justicia eterna y selectiva. Celebrarás las 1.231 condenas y 361 sentencias por lesa humanidad como un logro sagrado, pero no recordarás que solo los subversivos se beneficiaron de indultos y amnistías en el pasado (como los de Alfonsín en 1989-1990 y los indultos de Menem). Si alguien pide investigar o recordar los crímenes de la guerrilla, lo acusarás de querer “impunidad” o “equiparar”.
- No cuestionarás los pagos millonarios a terroristas sobrevivientes. Considerarás “víctimas” a ex guerrilleros que participaron en atentados, secuestros y asesinatos, y defenderás que el Estado les pague pensiones, indemnizaciones y beneficios. Al mismo tiempo, ignorarás que las familias de las más de 1.000 víctimas civiles, policías y militares asesinados por la subversión jamás recibieron compensación del Estado que no las pudo proteger.
- Llamarás “odio” a toda discrepancia. Pedir que se honre también a las víctimas de Montoneros y ERP, o cuestionar el monopolio narrativo de ciertos organismos de DDHH, es “discurso de odio”, “estigmatización” o “negacionismo”.
- Nunca aceptarás que la verdad sea completa. Porque si se cuenta toda la historia —con sus guerrilleros armados, sus secuestros, sus atentados y sus más de mil víctimas silenciadas durante décadas—, se derrumba el relato sagrado. Y eso no se puede permitir.
Estos mandamientos resumen la doble vara moral de quienes convierten la memoria en un arma partidaria: exigen verdad y justicia solo cuando les conviene, pagan indemnizaciones selectivas y convierten en hereje a quien osa decir que todas las víctimas argentinas merecen ser recordadas.
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