La atracción de los hombres jóvenes hacia el catolicismo tradicional: un signo esperanzador en tiempos de secularización
Imaginemos a un joven que entra por primera vez en una parroquia de arquitectura moderna, de líneas frías y minimalistas, que más parece un auditorio funcional que un espacio sagrado. El sacerdote, un hombre mayor formado en los años inmediatamente posteriores al Concilio, improvisa partes de la liturgia con comentarios personales y anécdotas cotidianas. La música, de guitarras y cantos de estilo folk, crea una atmósfera informal y cercana. Su homilía se centra en un amor incondicional y difuso, insistiendo una y otra vez en que “no debemos juzgar a nadie”. Todo transmite horizontalidad, familiaridad y una moral blanda, adaptada al espíritu del tiempo. Semanas más tarde, el mismo joven asiste a otra misa. La iglesia, de noble arquitectura tradicional, con sus arcos elevados, vitrales que filtran una luz trascendente y un crucifijo central imponente, invita desde el primer instante a la reverencia y a levantar la mirada hacia Dios. Reina un silencio ordenado y sagrado. La liturgia...