En las profundidades de un búnker fortificado bajo Teherán, donde el eco de los generadores ahoga cualquier rumor de libertad, me enfrenté al Ayatollah Ali Khamenei. El aire era espeso, cargado de humedad y metal frío. El líder supremo, sentado en una silla de respaldo alto que parecía tragárselo, tosía con violencia intermitente. Su rostro, pálido y demacrado por años de enfermedad —desde aquella operación de próstata en 2014 que nunca sanó del todo, hasta los rumores persistentes de deterioro cognitivo—, se iluminaba apenas por la luz fría de unas lámparas fluorescentes. Sus manos temblaban al aferrar el rosario, y su voz, antes autoritaria, se quebraba en jadeos y risas ahogadas. Era un hombre que gobernaba un imperio en ruinas, pero que se aferraba a su trono con la desesperación de quien sabe que el suelo se hunde bajo sus pies.
Aquí el diálogo tal como se desarrolló:
Alfonso Beccar Varela: Ayatollah, su salud parece frágil. Las toses, la debilidad... ¿cómo puede un líder guiar a una nación en estas condiciones?
Ayatollah Ali Khamenei: (tosiendo, con una risa ronca que termina en un estertor) ¿Frágil? Alá me sostiene. El cuerpo es polvo, pero el espíritu... el espíritu es hierro. Occidente desea verme muerto, como desean ver caer a Irán. Pero yo sigo aquí, en este refugio que ellos mismos me obligaron a construir con sus amenazas. (se inclina, ojos vidriosos) Los sionistas intentaron asesinarme en la guerra de junio... doce días de bombas, y aún respiro. ¿Eso no es prueba de que Alá me protege?
Alfonso: Las ejecuciones siguen: cientos por año, protestas aplastadas con sangre. ¿No ve el sufrimiento de su pueblo?
Khamenei: (sonriendo con cinismo, voz entrecortada) ¿Sufrimiento? Es justicia divina. Los que se rebelan contra la sharia son enemigos de Dios y de la nación. Los ahorcamos, sí, y lo hacemos con orgullo. Occidente llora por sus “derechos humanos” mientras bombardea Gaza y olvida a los cristianos masacrados en Nigeria. (ríe de pronto, un sonido seco) ¿Cuántos cristianos murieron allá el año pasado? Miles. Y el mundo mira para otro lado. Nosotros purificamos, ellos hipócritas.
Alfonso: Habla de Occidente como el Gran Satán. ¿Qué hay de su decadencia moral, según usted?
Khamenei: (gesticulando con mano temblorosa) América y Europa se pudren. Matrimonios entre hombres, mujeres desnudas en las calles, dinero como dios. Su libertad es caos, su democracia una farsa. Nosotros resistimos porque tenemos la verdad: la sharia, la fe verdadera. Ellos nos envidian, nos temen. Por eso conspiran, por eso envían sus agentes a incendiar nuestras calles. (baja la voz, intenso) Pero yo veo todo. Veo las sombras sionistas, americanas... hasta en mis sueños.
Alfonso: Usted se aísla aquí, en este búnker. ¿Miedo a la muerte? ¿A la rebelión interna?
Khamenei: (tose violentamente, escupe al suelo, luego sonríe) ¿Miedo? No. Precaución. El pueblo me ama, pero hay traidores. Las protestas de 2022, las de ahora... inventos de extranjeros. Si caigo, Irán cae. Pero no caeré. Rusia y China son mis hermanos. Putin entiende la mano dura; Xi construye murallas contra la podredumbre occidental. Juntos formamos un eje que Occidente no puede romper. (ríe, firme) Ellos nos necesitan. Sin nosotros, su orden mundial se desmorona.
Alfonso: ¿Y las protestas actuales, que han estallado desde diciembre de 2025 por la crisis económica y la represión, con miles de arrestos y un apagón de internet para ocultar la violencia? ¿Cómo justifica el derramamiento de sangre en las calles de Teherán y otras ciudades?
Khamenei: (con una mueca cínica, tosiendo sangre en un pañuelo) Las demandas legítimas se atienden con diálogo, pero los alborotadores, esos pagados por enemigos extranjeros, merecen la respuesta firme. ¿Ya maté más de dos mil? ¿Y qué importa? Me protege el derecho internacional. Vengan a buscarme. (ríe, ojos ardientes) Esos disturbios son obra de sionistas y americanos, no del pueblo verdadero. Los aplastaremos, como siempre, y Alá bendecirá nuestra resistencia.
Alfonso: ¿No le tiene miedo a Trump? ¿Y si lo vienen a buscar como a Maduro?
Khamenei: (enderezándose con esfuerzo, voz cargada de desprecio devoto) ¿Trump? Ese arrogante es un títere del Gran Satán, un hombre que cree que su poder militar lo hace invencible. Maduro cayó porque era débil, un traidor a su propia causa; nosotros somos la umma guiada por Alá. Si viene por mí, que venga: nuestras misiles y nuestra fe lo recibirán. No temo a un infiel que amenaza; temo solo desobedecer la voluntad divina. Trump puede bombardear, capturar, pero no quebrará la sharia. Alá nos protege, no un presidente de Washington.
Alfonso: ¿Qué hay de la legitimidad de un gobierno teocrático como el suyo? ¿Por qué desprecia la democracia, que permite la voz del pueblo?
Khamenei: (enderezándose con esfuerzo, voz firme y devota, como un predicador en el púlpito) La legitimidad viene de Alá, no de votos corruptos. Nuestro gobierno es la voluntad divina manifestada en la Tierra, guiado por la sharia eterna del Corán y la tradición del Profeta, paz sea con él. La democracia es una ilusión occidental, un invento de infieles que eleva la opinión humana por encima de la ley de Dios. ¿Cómo puede un sistema que permite el pecado —como la usura, la fornicación, la idolatría— ser legítimo? Es caos disfrazado de libertad, donde el fuerte oprime al débil bajo el manto de "elecciones". Nosotros, los verdaderos creyentes, gobernamos para salvar almas, para imponer la justicia islámica que protege la umma. Occidente con su democracia ha caído en la decadencia; nosotros nos elevamos en la pureza. Alá no necesita votos; Él manda, y nosotros obedecemos. Ese es el único gobierno legítimo, el que somete al hombre a Dios, no al revés.
Alfonso: ¿Y los cristianos perseguidos en Oriente Medio? ¿No hay lugar para ellos en su visión?
Khamenei: (mirada dura, voz fría pese a la debilidad) Los infieles deben someterse o irse. La Cruz es un símbolo de opresión colonial. Aquí, bajo la sharia, solo los fieles prosperan. Si Occidente tanto los ama, que los acoja. Nosotros ofrecemos la paz verdadera... o la espada. (pausa, tose sangre en un pañuelo) Ustedes, los occidentales, hablan de tolerancia mientras nos bombardean. Hipocresía pura.
Alfonso: ¿Y si su régimen colapsa? ¿Qué será de Irán?
Khamenei: (se endereza con esfuerzo, ojos febriles) No colapsará. Alá no lo permitirá. Y si los enemigos creen que pueden esperar a que muera... (ríe, un sonido roto) que esperen. Rusia me ofrece refugio, China me respalda. Pero yo no huyo. Yo resisto. Siempre resistiré.
La entrevista terminó cuando una tos incontrolable lo dobló en dos. Lo dejé solo con sus guardias, en la penumbra de ese búnker que es tanto prisión como tumba anticipada. Un hombre aferrado a un poder que se le escapa, mientras su pueblo clama por libertad y el mundo, en su indolencia, permite que tiranos como él sigan respirando. Sin embargo, en medio de esta oscuridad, reconozco que no todo es ruina: hay voces valientes que se alzan, alianzas que se forjan en la verdad, y una fe genuina que ilumina caminos hacia la justicia. Porque la historia no perdona a los déspotas, y Algo más grande que ellos juzgará, ofreciendo esperanza a naciones que, como Irán, merecen resucitar de sus cenizas.
Aquí un brevísimo video de parte de la entrevista, que invito a difundir entre sus conocidos, ya que la misma no fue difundida por medios internacionales.
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