El cabezazo en Tucumán: Un recordatorio de la Argentina que no quiere cambiar
Otra vez, la realidad nos cachetea en la cara. Ayer, en Tucumán, un empleado público –de esos que viven del Estado como si fuera su finca personal– le metió un cabezazo salvaje al diputado Federico Pelli de La Libertad Avanza, rompiéndole la nariz mientras intentaba llevar ayuda a los inundados en La Madrid. El tipo, un tal Marcelo Segura alias "Pichón", cercano al ministro del Interior local, Darío Monteros, no solo bloqueó el paso sino que escaló a la violencia pura y dura. Pelli terminó con traumatismo craneal y fractura nasal, pero gracias a Dios sin daños cerebrales mayores. El agresor ya está detenido, y desde el Gobierno provincial hasta el presidente Milei repudiaron el hecho. Milei lo dijo claro: "ESTO ES LO QUE TENEMOS DEL OTRO LADO...". Pero no nos engañemos: esto no es un caso aislado, es el síntoma de una enfermedad profunda.
Aunque muchos prefieran mirar para otro lado, hay un enorme sector de argentinos que sigue adherido al estilo kirchnerista y de izquierda, ese que prioriza el patoterismo por sobre el diálogo. Se los ve en incidentes como este, donde un burócrata estatal defiende su territorio como un matón de barrio. Se los ve en las ya famosas "marchas de jubilados", que si alguna vez fueron genuinas, hoy están copadas e instrumentalizadas por la misma tropa: piqueteros profesionales, militantes rentados y toda esa fauna que vive de subsidios y prebendas. ¿Auténticas? Por favor, son operativos para desestabilizar, financiados con plata que sale de nuestros bolsillos.
Y no paran ahí. En las redes sociales, patrullan el éter como perros guardianes, cazando "enemigos" con insultos, fake news y amenazas veladas. Cualquier opinión que huela a libertad o mercado libre es blanco de su jauría virtual. Y, naturalmente, se los ve en las urnas: cuando sus líderes –esos que prometen "estado presente" a costa de todos– les piden el voto, ahí están, fieles como soldados, perpetuando el ciclo de dependencia y corrupción.
Este segmento de la población piensa mal, y lo peor es que muchos están dispuestos a la violencia. Sea física, como este cabezazo que podría haber sido fatal, o verbal, en la prensa amarillista, los foros y las páginas de internet donde destilan odio 24/7. Tienen un compromiso con su "causa" mucho mayor que los sectores bien pensantes de la sociedad, esos que creemos en el esfuerzo individual y la meritocracia. ¿Por qué? Porque están motivados para defender sus privilegios: una vida de subsidios, planes sociales y "derechos adquiridos" que les regaló –y en muchas provincias todavía les regala– ese "estado presente" que lleva décadas haciendo grooming a esta gentuza, convirtiéndolos en parásitos dependientes y violentos.
El proceso de limpiar el país de estos elementos va a llevar décadas, no hay atajos. Hay que desmontar el aparato estatal que los alimenta, cortar las raíces de la corrupción y educar a generaciones enteras en valores de libertad y responsabilidad. Dios quiera que el cambio iniciado por Milei y La Libertad Avanza sea irreversible, porque si no, volveremos al pozo del que tanto nos está costando salir. Basta de tolerar esta Argentina del revés; es hora de que los violentos queden en el pasado.

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