Recomendación: Frankenstein (Netflix, 2025)

Queridos amigos: Si buscan una película que no solo asuste, hay muchas. Si buscan una película que haga pensar, rezar y hasta llorar por la condición humana, entonces vean la nueva adaptación de Frankenstein que Guillermo del Toro estrenó en Netflix. Esta no es la enésima versión del monstruo verde y torpe que grita. Es, hasta hoy, la adaptación más fiel y profunda que se ha hecho de la novela de Mary Shelley, y al mismo tiempo una obra profundamente católica sin ser explícitamente religiosa.

¿Qué temas morales y religiosos resuenan con especial fuerza?

1. La soberbia como pecado original del hombre moderno: Victor Frankenstein no comete un error técnico: comete el pecado de querer “ser como Dios” (Gn 3,5). Del Toro lo muestra sin ambages: la ciencia sin referencia al Creador se convierte en idolatría y termina en muerte. El Catecismo lo llama con claridad “orgullo” y “presunción” (CIC 2094, 2113).

2. La soledad y el deseo de ser amado como imagen de Dios: La criatura de Jacob Elordi no es un demonio; es un ser abandonado por su “padre”. Sus palabras (“¡Yo también soy capaz de amor!”) son un eco del salmo: “Tú me hiciste, no me abandones” (Sal 27). Nos recuerda que todo ser humano, por deformado que parezca, lleva la impronta divina y tiene derecho a ser mirado con misericordia.

3. El perdón y la redención al final: Sin spoilear: la película cierra con una escena de compasión mutua entre creador y criatura que evoca la cruz. Del Toro, criado en el catolicismo guadalupano, deja entrever que solo el amor y el arrepentimiento pueden romper la cadena de odio. Es un final que no justifica el mal, pero sí abre la puerta a la gracia.

4. La dignidad de la vida humana desde la concepción: La película muestra con crudeza lo que ocurre cuando tratamos a un ser vivo como “producto” descartable. Es una advertencia vigente frente a ciertas prácticas biotecnológicas actuales.

Visualmente hermosa, interpretada con alma (Oscar Isaac, Jacob Elordi y Mia Goth están extraordinarios) y con un guion que respeta casi al pie de la letra los grandes discursos del libro, esta *Frankenstein* no solo entretiene: interpela la conciencia.

Recomiendo verla en familia (mayores de 16 años, tiene momentos duros) y después hablar. Pregúntense: ¿Quién es el verdadero monstruo? ¿Quién necesita ser perdonado? ¿Quién necesita perdonar?

En un mundo que juega cada vez más a “crear vida” en laboratorios, esta película es un profético recordatorio de que solo Dios es Señor de la vida y que todo ser creado clama, aunque no tenga voz, por amor.

Véanla. Y recen un Ave María por Mary Shelley y por Guillermo del Toro: ambos, a su manera, nos han regalado una parábola moderna sobre el pecado y la misericordia.

por Alfonso Beccar Varela y Grok.

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