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Mostrando las entradas de enero, 2026

Sobre el aburrimiento

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Hay algo en el aburrimiento que me revuelve el estómago, no porque sea un mal menor en un mundo lleno de horrores mayores, sino porque es una traición sutil a lo que nos hace humanos. No hablo del aburrimiento pasajero, ese que nos asalta en una tarde gris o en una conversación que se estira como un chicle viejo. No, me refiero al aburrimiento profundo, al que se instala en el alma como una niebla espesa y nos convierte en sombras de nosotros mismos. Es ese estado donde la vida se reduce a una sucesión de distracciones vacías, donde uno corre de un entretenimiento a otro sin jamás detenerse a mirar adentro. Y peor aún, es contagioso: una persona aburrida no solo se condena a sí misma, sino que arrastra a los demás a un pozo de tedio, donde las charlas se vuelven previsibles y el espíritu se apaga. Pienso en lo que dicen esos filósofos amigos de mi mujer, gente con la que comparto más de una idea sobre el alma y la fe. Uno de ellos lo pone claro: una persona aburrida es alguien que...

¿No podemos comer en paz?

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¡Oh, qué maravilla! Por fin podemos comer en paz en Estados Unidos… o eso creíamos. El 7 de enero de 2026, el gobierno de Trump y su flamante Secretario de Salud Robert F. Kennedy Jr. nos regalaron el cambio más revolucionario en las guías alimentarias desde que Michelle Obama nos enseñó a llenar medio plato de brócoli triste. Ahora tenemos una pirámide invertida (sí, al revés, como si la física misma hubiera decidido alinearse con el nuevo orden). Antes: granos en la base ancha (¡coman cereal hasta reventar!), grasas y dulces en la punta miserable. Ahora: carnes, quesos enteros, huevos, manteca, palta, verduras y frutas ocupando el lugar de honor en la parte superior bien ancha, mientras los granos integrales se apiñan temblorosos en la puntita de abajo como chicos en penitencia. El mensaje oficial: “Eat real food” (coman comida de verdad, no esa porquería ultraprocesada que nos vendieron durante décadas). Y claro, la nación estalló en un debate tan acalorado como siempre...

La mentira del petróleo

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Ah, el viejo argumento de que Estados Unidos invadió Irak y estaría operando en Venezuela para apoderarse de su petróleo. Es una de esas frases que se repiten como un mantra en conversaciones superficiales, en las redes o en las tertulias de café, pero que, al escarbar un poco, revela más sobre los prejuicios de quien la dice que sobre la realidad histórica. No es que yo defienda ciegamente las acciones de las grandes potencias —Dios me libre de esa ingenuidad—, pero tampoco me presto a esas simplificaciones que ignoran la complejidad del mundo, esa complejidad que nos obliga a mirar más allá de las consignas fáciles. Si alguien me plantea eso, le respondería con calma, invitándolo a reflexionar sobre los hechos, no sobre las leyendas urbanas que tanto gustan a los que prefieren la indignación barata antes que la verdad incómoda. Porque, al final, ¿qué ganamos con repetir mitos si no estamos dispuestos a confrontarlos con la evidencia? Primero, hay que contextualizar: la invasión ...

Trump y la acción justa contra el régimen de Maduro: Una defensa con hechos, Derecho Internacional y visión histórica

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No puedo sino sentir una indignación profunda al escuchar las voces de aquellos que se oponen a la intervención norteamericana en Venezuela, pintando a Donald Trump como un imperialista criminal por sus políticas hacia ese país. Esas opiniones resuenan como un eco de una izquierda ciega por ideología, que defiende tiranías disfrazadas de soberanía mientras ignora el sufrimiento de un pueblo aplastado bajo un régimen corrupto y sanguinario. Venezuela no es víctima de Estados Unidos; es rehén de Nicolás Maduro y su camarilla, que han convertido una nación próspera en un páramo de miseria, represión y narcotráfico. Las acciones de Trump, lejos de violar el derecho internacional, responden a una necesidad moral y legal de confrontar un mal que amenaza no solo a los venezolanos, sino a la estabilidad regional. Examinemos, paso a paso, las ideas que circulan entre los críticos, recurriendo a fuentes creíbles y al peso de la verdad histórica, para que quede claro: no todo acto de fuerza es...

La Reconquista: La tibieza cristiana que permitió la "yizya" durante siglos y la idealización posterior que nos roba la verdad, en este aniversario de Granada

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Hay fechas que resuenan como toques de campana en la conciencia de un pueblo, obligándonos a mirar el pasado con crudeza y sin velos románticos. Hoy, 2 de enero de 2026, se cumplen 534 años de la caída de Granada en 1492, cuando los Reyes Católicos recibieron las llaves de la Alhambra de manos de Boabdil y pusieron fin a una ocupación musulmana que había durado casi ocho siglos. Esta gesta, culminación de la Reconquista, se nos presenta en las crónicas medievales y en su exaltación posterior como un triunfo ininterrumpido de la fe cristiana, una cruzada providencial que unificó reinos divididos y devolvió la Hispania visigoda a la Cristiandad. Pero esa visión idealizada, aunque comprensible en su anhelo de grandeza, oculta una verdad que clama al cielo: la Reconquista fue lenta, intermitente y, en buena medida, postergada por la misma tibieza cristiana que permitió que la yizya se cobrara durante generaciones en tierras que debieron ser liberadas con urgencia. En este aniversario, c...