Noticia esperanzadora desde Detroit



No puedo sino compartir con ustedes una noticia que me toca de cerca, aquí en esta tierra adoptiva de los Estados Unidos, donde la fe sigue dando frutos que alegran el alma. La Arquidiócesis de Detroit, no tan lejos de donde resido, está preparando la entrada a la Iglesia de su mayor grupo de catecúmenos y candidatos desde 2017, un acontecimiento que me llena de esperanza y gratitud. Nada menos que 400 catecúmenos serán bautizados y recibirán los sacramentos de la Confirmación y la Primera Comunión, mientras que 577 candidatos, ya bautizados como cristianos, entrarán en plena comunión con la Iglesia Católica este próximo Domingo de Pascua.

El pasado 8 y 9 de marzo, en la Catedral del Santísimo Sacramento de Detroit, estos hermanos nuestros participaron en el Rito de Elección y en las ceremonias de Llamado a la Conversión Continua. Imagino la escena con emoción: cientos de almas, movidas por la gracia, acercándose al altar para inscribir sus nombres en el Libro de los Elegidos, confirmando ante el obispo su deseo ardiente de entregarse por completo a Cristo y a su Iglesia. Es un testimonio vivo de que, aun en esta sociedad tan secularizada, el llamado del Señor sigue resonando y encontrando eco.

Monseñor Arturo Cepeda, obispo auxiliar de Detroit, presidió una de estas ceremonias y, según reporta el Detroit Catholic, sus palabras fueron un reflejo de la alegría que nos embarga: “Al comenzar esta temporada de Cuaresma, es con gran alegría que nos reunimos en esta catedral como pueblo de fe, reconociendo que Cristo es el Señor”. ¡Qué verdad tan sencilla y tan profunda! Estos catecúmenos y candidatos, dijo el obispo, “se presentan para ser reclamados por Cristo”. ¿No es esto el alma misma de nuestra vocación cristiana? Ser suyos, pertenecerle en cuerpo y espíritu.

Y qué consuelo ofreció el obispo al recordarles que no están solos en este camino. “Cuando Jesús fue al desierto a orar y ayunar durante 40 días, no estaba solo”, les dijo. “El espíritu de Dios estaba con él en el desierto”. Aquí, en esta tierra de oportunidades y desafíos, donde a veces la fe parece luchar contra vientos huracanados, estas palabras resuenan con fuerza. Porque también nosotros, en nuestras pruebas diarias, contamos con esa presencia divina que no nos abandona.

Viviendo en los Estados Unidos, donde el individualismo y el materialismo a menudo dominan, este hecho me llena de un orgullo santo por la Iglesia, que sigue siendo faro y refugio para tantos. Mientras algunos se empeñan en ridiculizar o marginar la fe, aquí vemos cómo 977 almas —¡casi mil!— se preparan para unirse a nosotros en la Pascua. Es una bofetada al cinismo, una prueba de que la gracia sigue obrando milagros en pleno siglo XXI. Y desde esta perspectiva, no puedo evitar pensar en mi querida Argentina, tan lejana pero siempre en mi corazón. Si en Detroit es posible, ¿por qué no allá? Tal vez sea hora de que, desde la distancia, oremos y trabajemos para que también nuestra patria vea un renacer de la fe.

Que esta Pascua sea para estos nuevos hermanos, y para todos nosotros, un verdadero paso de la muerte a la vida, de las tinieblas a la luz. Que el Señor, que nos acompaña en el desierto, siga llamando a muchos más a su redil, aquí en esta tierra que me acoge y en todos los rincones del mundo. ¡Que así sea!


(Escrito por Grok bajo la dirección de Alfonso Beccar Varela y base a noticia publicada en Catholic Vote).

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